domingo, 19 de febrero de 2017

Piscina o ventana



 A Eva Hidalgo

Estaba escribiendo una columna
o un carril:  algo estrecho.   Eva
saltaba y saltaba  pero no podía 
verla porque  las columnas   son
opacas    y     los   carriles   son
independientes   y  además,  no,
no   tienen   orejas.   Eva quería     
decirme “hola”  y  contarme una 
historia y entonces le di de comer anchura
a la columna o al carril, y le di luz y espacio
a la columna o al carril y la hice no rectangular sino cuadrada,
es decir, que de ser columna independiente pasó a piscina llenita de palabras, 
y de ser un carril opaco pasó a ventana traslúcida y entonces fue cuando vi a Eva en el bordillo. Escuché cómo me llamaba y la invité a saltar y eso hizo: saltar. Eva saltó sin saber si lo hacía a una piscina o a una ventana pero, fuera lo que fuera, era transparente y ancha, y tenía un montón de palabras. Ya en la piscina, Eva no era Eva sino su historia. Y su historia  nadando  era  la  amplitud  y  era el verano.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Cosas de barcos

En el principio fue la pereza... No me apetecía colgar nada en el blog y dejé pasar los días y las semanas hasta que volvieran las ganas. Luego fue el diseño... Me cansa este actual y las plantillas que veo por aquí tampoco me llaman excesivamente la atención. Más tarde fue blogger en sí... Que si ahora quitamos esto, luego lo otro, más tarde lo de más allá, y no te quejes que te cambiamos el número de entradas visibles cada dos por tres y porque sí y te lo descuadramos todo, blablablá, etc. Más tarde fue el tiempo... Estoy arreglando poemarios, construyendo nuevos, y sumergida en unas cuantas historias no poéticas que me consumen las energías y las horas. Y ahí estoy. El caso es que no voy a dejar a la deriva este barco, pero necesito recuperar el tiempo y las ganas para plantearme si cambio el diseño o si me llevo el blog a otro puerto. Volveré, hola.

sábado, 8 de octubre de 2016

Historia caminando


La historia que me acabo de encontrar
no quiere que vea sus manos
porque no se fía de su voluntad.
No es la primera vez: suelo ver historias caminando,
historias defectuosas y aparentemente especiales,
historias con la nariz o el mentón de otra historia,
historias cojas que suplen la pierna que les falta
con un acordeón o con el que lo toca.
Me he acostumbrado a acercarme a ellas
para verlas bien,
cuando lo que tengo que hacer es alejarme
para verlas mejor.
Hoy no sé qué pasa –escucho–, no hay nadie fuera.
Bueno –me animo–, seguro que estarán sus historias.

De Pan con pan

miércoles, 28 de septiembre de 2016

lunes, 26 de septiembre de 2016

La frutería



La frutería es tan pequeña que sólo cabe, además de la fruta y la frutera, una persona. Por eso, y teniendo la mejor fruta de la zona, siempre hay gente en la calle esperando que salga el que está dentro. Junto a la puerta hay un naranjo tan grande que está prácticamente volcado hacia la entrada de la frutería. Es habitual que caigan naranjas de sus ramas sobre las cabezas de los que hacen cola. Entonces algún afectado manifiesta que todavía no es su turno y que además no ha pedido (ni va a pedir) naranjas. La frutera le ordena que abandone la cola y se vaya a su puta casa, textualmente. La frutera es un poco borde, aunque tiene días afables en los que su respuesta es más suave, y dice: “No te quejes tanto, a ver si en vez de naranjas te van a caer melones en la cabeza”. A lo que el afectado replica que los melones crecen en la tierra, no de los árboles. En la puerta de mi frutería sí crecerán de los árboles –rebate la frutera, cuyo marido es ferretero y le puede proporcionar todo el alambre del mundo para colgar del naranjo melones o lo que le dé la gana.


De Ciudad girándose