miércoles, 9 de mayo de 2018

La mudanza

A esto debería quedar reducida cualquier mudanza: un sofá enorme, la infancia, cojines, mariposas en la pared, el verano. El agotamiento, de cualquier manera.

















El cuadro es de Mariano Fortuny.

lunes, 30 de abril de 2018

Pido un deseo


Viajar en lápiz.

Sentir que el aire me raya la cara.

Duplicar, mediante giros, a los estorninos.

Trazar una casa y meterme en ella,

dibujar una ciudad que me sonría.

Sombrear el paisaje

hasta que me duela la garganta.

Diseñar un dedal ignífugo

para mi índice,

con el que señalo, sobre todo,

los infiernos imborrables.

Firmar con una coma.

Expresar cómo me encuentro

con garabatos infantiles.

Perderme y aterrizar

en la oreja de un carpintero

que saca de sus manos

un baúl y una silla.

lunes, 2 de abril de 2018

La relojería



La relojería está enclavada en una esquina. En horario de comercio permanece abierta por la puerta que da a la calle más concurrida. La gente entra para comprar relojes, pilas para relojes, correas para relojes, e incluso cucos para relojes. Al anochecer se cierra dicha puerta y se abre la que da a una calle poco transitada y poco iluminada. Individuos con gabardina y sombrero entran entonces. Piden en voz baja una dosis. Tienen ojeras y les tiemblan las manos. Pasan a la trastienda. Personas muy ocupadas compran tiempo. Se lo inyectan en cualquier parque y, aunque se sientan mejor, con frecuencia se aburren y buscan pelea.

De Ciudad Girándose

martes, 20 de marzo de 2018

Quilma



Quilma, palabra de origen incierto, del árabe "qirbah" (odre), del griego κίρβα "kírba" (zurrón pequeño) y del latín tardío "girba" (mortero farmacéutico), es un costal de tela grueso empleado como medida de capacidad equivalente a 40 kgs. que se usa para transportar granos y harinas desde la era.
 



Quilma es el homenaje que hace Carmen Palomo a su madre, Marucha García. El libro hace las veces de saca para contener recuerdos que no están dispuestos a ser pasto del viento. Recuerdos como el de que su madre viera en una rama desnuda el fruto invisible de lo que habría más tarde, como el de un único par de alpargatas para el largo camino que es la vida, como el de iluminar la sonrisa medieval de Santa Eulalia, o como el de dar puntos en la planta del pie de su otro hijo.
 


Puntos dados de una madre a un hijo que Rrose Sélaby, otra de las piezas claves del libro, traduce como un árbol rojo boca abajo. ¿Es un árbol rojo boca abajo el que nos hace andar o el que nos hace quedarnos? Es el que nos hace florecer, hagamos lo que hagamos.




Cada uno de los textos de Carmen Palomo se encuentra bien acompañado por una ilustración de Rrose, un collage, un huevo, un insecto, un hilo, la geometría del color en su faceta más poliédrica. Tenemos así a los dos vaciando su quilma: Carmen, la de las palabras, y Rrose la de las imágenes. Y nos encontramos con que son la misma quilma: la de la añoranza, la belleza, el cariño.




“El agua de este mundo es siempre la misma”, expresa Carmen. El respeto es rígido y la comprensión abierta, deslizó su madre. Y cuando ya tenemos el sentimiento en carne viva, después de conocer parte de la sabiduría de Marucha García, vemos en las últimas páginas su foto, confirmándonos la hermosura entre paréntesis que ya intuíamos.Y, por supuesto, otra de las claves fundamentales del libro es el libro en sí, la cuidada maquetación, la delicadeza y el gusto con los que Mr. Griffin ha vuelto tangible lo intangible en una tirada de cien ejemplares no venales. Sí, soy una de las cien afortunadas. Y ya que no vais a poder haceros con uno, sí tenéis la posibilidad de leerlo en Issuu pinchando aquí. Que aproveche.