domingo, 8 de diciembre de 2019

Al domingo


Que escribir sea como un golpe de viento: espontáneo, ágil, lesivo. Olvidar, igual que a otra raíz cuadrada, la ligereza. Que asomarme aquí no implique rebuscar textos anteriores en los que yo sea el verso que sobra, y hacerlo como diciendo: esto dije. No debería imponerme más condenas. Alzar, copa en mano, este domingo, porque, ¿quién no ha tenido al menos uno en su vida? ¿Cómo nombrarlo, cómo enfocar lo que no es sábado ni lunes? Nada en lo auténtico es innato. Recordemos que uno, tres, dos. Lo importante es el pájaro y pico en la rama. Su canción volada. 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

En Kikah Magazine

El gran poeta y amigo Ahmad Yamani ha traducido algunos poemas míos a la lengua árabe. Están publicados en la revista digital vanguardista Kikah, celebérrima en el mundo árabe. Nuevamente me confieso afortunada. 


lunes, 25 de noviembre de 2019

La libertad de la herida - María Pizarro



María Pizarro, mujer valiente, comprometida, activa, abierta de miras, y siempre dispuesta a explorar nuevos caminos poéticos y vitales, en esta ocasión se ha atrevido ni más ni menos que con un libro de haikus, La libertad de la herida, y os garantizo que el resultado es muy hermoso. Ha sido editado por Iruya, editorial cordobesa que está dando sus primeros (y certeros) pasos. Del prólogo se ha encargado Claudia Capel, quien, entre otras muchas cosas, es una gran conocedora de la vida y obra de Borges y Borges, para quien no lo sepa, fue un admirador de la cultura japonesa y del haiku, en particular hacia el final de su vida. Por último y para completar este gran libro, la portada es de Almudena Castillejo.

No soy experta en el mundo de los haikus, lo reconozco, pero gracias a internet he podido captar en cierto modo su dinámica.

Según la tradición oriental los haikus se suelen escribir en tres versos sin rima, de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente. Pero al igual que el número de versos es opcional, también la métrica es flexible. De hecho, en japonés, los haikus no se escriben en 17 sílabas, sino en 17 moras. La mora es una unidad fonética más breve que la sílaba. La mora es la voz y lo demás son palabras. Y la voz de María es en este libro una voz muy depurada, es la voz de un pincel en invierno, es la voz que dice, al comienzo del libro:

La libertad

de la herida de cerrarse

o de abrirse.

(E incluso, añado, la libertad de la herida de cerrarse cuando quiera, y aquí entraría el tiempo, el cual está muy presente en todo el libro. E incluso (todavía más) la libertad de la herida para dejar o no cicatriz, que no es sino la firma del dolor.)

El kigo es una palabra o expresión que indica la época del año a la que se refiere el haiku. Por lo general, los haikus muestran escenas de la naturaleza o de la vida cotidiana, en los pueblos, en las ciudades y en los caminos. Creo que en general a María puede considerársele una poeta de lo cotidiano, que habla del día a día sin perder el lado poético. Eso no todo el mundo lo consigue. No le pregunto cómo lo hace porque sé que es innato y no forzado, y he ahí el encanto y la magia que produce.El kigo de La libertad de la herida es el presente, es decir, la época no del año sino de la vida de María Pizarro en la que se encuentra. El tiempo es sin duda el protagonista en este libro. El tiempo y todo su peso y manifestaciones: la adolescencia, el viaje de fin de curso, el amor en la juventud, la melancolía de a veces ahora. En este libro podemos leer “Quien envejecía era su espejo”, lo cual me parece una imagen muy poderosa.

Hay muchas personas desprotegidas circulando por estos versos (inmigrantes, pobres, ancianos), y también hay muchos niños correteando por aquí. Pero son niños y desprotegidos sin tiempo, o mejor dicho, de todos los tiempos. En este sentido, por ejemplo leemos un haiku que dice:

El niño bala

enumera batallas

que ha perdido.


El haijin es la persona que escribe un haiku y transmite la emoción producida al contemplar algo. La impresión transmitida puede ser de belleza, de armonía, de serenidad, de fugacidad, de melancolía... sí, otra vez la melancolía. En un haiku, el "yo" suele quedar al margen: el poeta no nos habla tanto de lo que le sucede a él/ella como de lo que sucede enfrente, aunque también puede referirse a sí mismo o expresar una inquietud.

Siempre que leo un libro de haikus me da la sensación de que su autor o autora está trazando un camino. Es como si cada haiku fuera no tres pasos sino uno, pero, en esta ocasión, además de asociar un libro de haikus con un camino, asocio cada uno de estos haikus con una pequeña escalera de mano que sube o baja pero que nunca me deja en el mismo sitio en el que se estaba antes de leerlo. Este camino, o esta sucesión de escaleras pequeñas, está plagado de belleza. Como muestra, un botón:

Una granada

entre peras madura,

cerebro rojo.


Este haiku que acabamos de leer es un cuadro. Un cuadro escrito con trazos silenciosos. Pronto será invierno. El color preferido de María Pizarro es el azul.



sábado, 31 de agosto de 2019

Tonino Guerra - La miel


Rrose me ha regalado este verano "La miel", de Tonino Guerra (guionista de Amarcord y Y la nave va, entre otros), un libro de poemas escritos en romañolo y traducidos al castellano por Juan Vicente Piqueras y publicado con la editorial Pepitas de calabaza.
 
Los libros que Rrose me regala o recomienda son garantía de que algo me hará estremecerme, algo especial, y ya el hecho de tenerlos en las manos me provoca ansiedad y ganas de salir corriendo para empezar a leerlos cuanto antes (me pasó con Eduardo Chicharro, Adam Zagajewski y más). Pero no soy tan desconsiderada como para comportarme así y, además sé que una charla con Rrose con un vino por medio me hará olvidarme de festivales y de poetas, a cambio de escuchar historias sobre artistas de varias disciplinas que, vivos o muertos, se encuentran al margen de los cánones habituales.
 
Leer este libro en estos momentos de mi vida me recuerda por qué sigo en el camino y me anima a continuar. Es un ancla en medio del viento que el mismo libro levanta. Me tienta poner uno, dos, tres poemas, pero no. Sólo dejo uno.


CANTO VIGESIMOTERCERO

Esta mañana mi hermano iba buscando
algo en los cajones: ha hurgado
en el armario, en los bolsillos de las chaquetas,
de los abrigos, ha metido la cabeza y las manos
en la cómoda y lo ha sacado todo.
Ha puesto patas arriba incluso la cocina.
Iba de una habitación a otra
sin mirarme.
Cuando se ha puesto a escarbar en mi cama
le he preguntado: ¿qué quieres?
No lo sé. Primero buscaba un clavo,
luego un botón, después quería hacerme un café
y ahora quiero que tú me digas algo,
aunque sea una tontería.
 



jueves, 22 de agosto de 2019

jueves, 11 de julio de 2019

En Low-Fi Ardentía

Que sí, que no, que estoy, que no estoy... y así la vida. Sigo estando, claro. Pero con tanto lío que ni aparco. Mientras me estabilizo (lo cual espero que ocurra después del verano y con él esa vorágine llamada Voix Vives en la que me sumerjo todos los veranos), dejaré pequeñas gotas por aquí.

Dos poemas en Low-Fi Ardentía. Un placer estar ahí.

domingo, 26 de mayo de 2019

La pista de patinaje


Tiene que hacer mucho frío para que pongan en marcha la pista de patinaje. Es habitual que acudan los patinadores con su gorro, su bufanda, sus guantes, su nevada propia y su casa. Porque, ya que se caen o ya que no, es más reconfortante caerse con la casa a cuestas (o no caerse con la casa a cuestas), levantarse con la casa a cuestas (o no tener que levantarse con la casa a cuestas), y continuar en pista inyectándole círculos perfectos al hielo con la casa a cuestas (y continuar en pista inyectándole círculos perfectos al hielo con la casa a cuestas) hasta que el megáfono pide que se retiren los individuos del fondo, los de las grandes nevadas propias y las casas blancas, porque ya han rebasado el límite de desmoronamientos del día. Se dice que los patinadores que no llevan una casa a cuestas son ángeles, pero no es seguro porque, al igual que los que sí la llevan, se caen riendo y se levantan llorando, con su nevada propia.



De Ciudad girándose

lunes, 13 de mayo de 2019

Elaaaaaaaaástica

Este es un proyecto que surgió en un bar y que está dirigido a los bares, al menos en esta edición. Eva Hidalgo y yo cabalgamos este barco. Queremos que sea algo flexible, tanto como su nombre, tanto como su logo. Y que los próximos años vaya mutando tanto de escenario como de personas y como de dinámica en sí. Y que si una vez se queda quieto sea porque haya muerto.
 
Gracias a todxs quienes nos han ayudado a sacarlo adelante.






viernes, 26 de abril de 2019

martes, 16 de abril de 2019

En Liberoamérica


Gracias a la coordinación y buen hacer de Ana Patricia Moya, aquí pueden leerse algunos poemas míos en la sección "Que la vida iba en serio", en Liberoamérica

sábado, 13 de abril de 2019

El empleo soñado


He encontrado trabajo en la tienda de arrugas.
Sujeto el mostrador, muy blando, de diez a dos.
Sonrío por triplicado, con mi boca y sus serpientes.
Aplico descuentos en productos ya rebajados.
Pero lo que no toco, se puede desvanecer.
Por eso toco las arrugas y toco el mostrador,
toco la tienda de diez a dos, me toco el pelo…
y tengo las tardes libres.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Enmujecer Fest IV


Este año me he subido a un nuevo barco maravilloso y colectivo, en cuyo proyecto nos encontramos ya en la recta final: Enmujecer Fest, festival feminista multidisciplinar que se celebra en Córdoba los días 9 y 10 de marzo. Yo me encargo de coordinar las actividades poéticas, de participar con Verbo Sueño en la performance "Cuidado, calle", y de copresentar la entrega de premios del festival de cortometrajes que hemos convocado. Con la lengua fuera y los dedos en el teclado, os dejo el cartel y la programación. Creo que sobreviviré también a esto.

 

lunes, 25 de febrero de 2019

Centrifugares


Centrifugados, encuentro de literatura periférica que se ha venido celebrando en Plasencia desde 2015 hasta el 2018, no ha sido un evento meramente literario. Ha servido de unión para muchos de los que tuvimos la suerte de estar allí edición tras edición, unión que roza lo fraternal y que este año, al no haberse podido producir, se ha desarrollado de un modo "virtual" en Facebook: recordándolo, colgando fotos de años pasados, nombrándonos, etiquetándonos, abrazándonos en la distancia. La falta de apoyo, la falta de reconocimiento de lo que ahí se estaba celebrando, la desidia institucional, la burocracia... son algunos de los factores que han influido en el fin del encuentro. Se seguirá haciendo en Cleveland. Y lo seguiremos haciendo aquí, de un modo u otro, antes o después. Hoy, que estaría de vuelta de a donde no he ido, andaría recordando (sonrisa puesta) el cúmulo de experiencias y emociones vividas. Por eso creo que es el mejor día para dejar el poema que escribí como compendio de lo que viví en años pasados en Plasencia, gracias a la generosidad y al tesón de José María Cumbreño.
 
Volveremos.
 
Centrifugares
 
Centrifugar es poner un anillo
nervioso a un círculo,
un abrigo musculoso a un túnel,
un suave oeste a la coctelera
en la que la mezcla, una vez agitada,
se vierte despacio y es el poema.
Centrifugar en viernes es asumir
la personalidad de un ángel fotógrafo
con respeto insonoro por las biografías.
El hombre que nació con chaleco
entra en todas partes,
maldita sea, incluso en estos versos
(para que se vaya hay que pedírselo
ocho veces por favor
porque es el ocho
el número que centrifuga).
El centrifugado es un hula hoop
probándose a saltos un paréntesis.
El centrifugado es el abrazo
veloz del agua.
Emocionarse es el verbo
que centrifuga el corazón.



sábado, 16 de febrero de 2019

El último cajón


Cuando me preguntan si es aquí donde se arreglan las cosas,
contesto que no, que se equivocan.
Guardo las explicaciones en el último cajón,
entre las musas y los dosieres
sobre casos reales de asaltantes callejeros diurnos
que se despojan de su careta humana sin problema
(si me hubiera encontrado con alguno,
me habría reído hasta envejecer
de golpe y con sandalias).
Pero hoy las equivocaciones me irritan
y ya no me revelan el significado de mis sueños
ciertos sellos franqueados.
Me despido educadamente porque creo
que es para siempre,
asumiendo que mi nombre no es mío,
sino de la voz de mis padres
sin contratiempos.
Por eso no me siento identificada
cuando alguien lo pronuncia,
alego inconsistencia
y sigo arreglando mis cosas.