miércoles, 25 de octubre de 2017

Exteriores


Fue difícil conseguir que se quedara quieta un momento, tal era su estado de nerviosismo al decirle que vendrías a verla. Bien, te la presento: así es ella a las cuatro de la tarde en octubre. El sol todavía da en el lateral izquierdo, pero la cal no brilla como brillará en breve. El árbol de al lado suele seguirla y si se mueve ella, se mueve él, y sólo cuando ella se detuvo se detuvo él, pues es su devoción expandir sus ramas sobre su lateral derecho y darle toda la sombra que pueda. El pájaro que hay en una de sus ramas iba a cantar, ah, no, perdona… estaba cantando. El tejado no es cuadrado habitualmente, en ese preciso instante lo era. La nube que tiene encima cambia según el aire que haga y el sentido del humor del día, pero siempre es la misma, la que venía en la caja del tejado cuando lo compramos. Es una nube preciosa, ¿verdad? Ahí parecía un pez pero también sabe adoptar la forma del estramonio y la de una liebre escuchando pasos. La ventana que tiene la persiana bajada es la de la habitación en la que dormirás (la habitación es tímida y a la persiana le gustan las sorpresas). La hierba se puso de puntillas para saludarte. Armaron mucho revuelo cuando me vieron sacar la cámara y les pedí que dijeran patata. En vez de eso corearon tu nombre. Yo también lo hice. Estamos deseando que vengas.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Las poetas no son gente de fiar

Este próximo viernes, día 20, estaremos en la preciosísima Librería (y cafetería) Psicompo de Cáceres Susana Szwarc, Carmen Hernández Zurbano y yo. Momento irrepetible, lo más seguro. Yo no me lo pierdo :)


viernes, 13 de octubre de 2017

Anchoa




Su hijo pequeño estaba tumbado en las vías,
a eso jugaba.
Fue a por él y,
en cuanto llegó el tren que yo iba a perder,
se lo llevó a una mercería a comprarle lazos.
Ella se había enfadado conmigo
porque había estado cocinando
toda la semana
y no quise comer.
Tampoco quise dormir.
Me había puesto tan delgada
que parecía aquel raíl.
Mira cómo tengo el cuello
–le dije,
mostrándole el pedregal
en que se había convertido
lo que solía callarme.
La habitación que me dejó estaba bien
y, curiosamente, ordenada.
No olía mal
pese a que tenía la costumbre de guardar
anchoas bajo los colchones
y no sé cómo estarían las de debajo del suyo
pero las mías estaban secas y descoloridas.
Iba a marcharme.
Tenía que coger el tren que salió tarde
y sin mí
porque su hijo estaba en las vías.

De ¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud?

jueves, 5 de octubre de 2017

¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud?




Además de matar a Freud las veces que haga falta, se puede coger un puñado de sueños extraños habidos en noches muuuuy laaaaaargas, y derramarlos sobre un libro para golpear con él la cabeza de Freud y rematarlo por si acaso. Eso es lo que he hecho. Escribir todos esos sueños a la mañana siguiente.  Enviarlos a las amigables manos Liliputienses. Ya ha salido de la imprenta la nueva criatura, ya está junto a sus hermanxs.