Sesenta y nueve veces levantaré tu nombre
antes de dejarlo caer
sobre mi pelo.
Si me prometes no prometerme nunca nada,
sería una buena excusa para pactar lenguas
y rompernos / absolutamente la ropa.
Esto no tiene que ver con la electricidad,
sino con la nuestra.
Escucha, mira, siente, palpa, huele
lo que te pido:
sácame a bailar un incendio
antes del próximo segundo.
Es que quisiera no poder hablarte.
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