A María Rosa García, que actualmente no tiene huerto pero sí un chihuahua
Hay
una mujer en ese gesto.
Es
silenciosa como un escalón;
clara,
como un estanque de lápices;
delgada,
como una herida de pétalo
que
se abre y se cierra las noches sin luna.
Hay
una mujer tras esa verja,
al
lado de la casa azul,
cuidando
un huerto de azahar y corales,
escoltada
por dos perros y dos dragones.
Se ha arrodillado frente a un muro de plomo,
golpea su cabeza contra él hasta traspasarlo.
Entierra un
temblor,
un rosal
y mil versos,
con sus enormes manos pequeñas.
Hay
una mujer en ese suspiro.
Tiene
la fuerza de un volcán paciente;
tiene
la paz, el calor, el aroma
del
café las tardes tempranas.
Hay
una mujer tras esa mujer,
diagonal
esbozo de mundo.