Miro las entradas anteriores y compruebo que no puse, en su día, que gané el accésit del IV Premio de poesía de la Fundación Ecoem. La madre que me parió, sí.
Podéis ver la noticia sobre el ganador del premio, y el accésit otorgado a la que suscribe, aquí: IV Premio de poesía Ecoem
Bien, pues aquí está el fruto de todo esto. Os presento al pequeño (de edad), recién sacado del horno:
sábado, 28 de abril de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
Del cuello a la nuca hay una sombra
La sombra del cuello es una nuca. La sombra de una nuca es la sombra de una nuca. El cuello que se gira obedece a los ojos. El cuello que se estira obedece al ego. El cuello que vibra obedece a la sequedad. La sombra del cuello es, realmente, el tiempo perdido; metafóricamente, es un artículo descatalogado, o más metafóricamente aún, el pomo debajo de la puerta. En casa del asesino no se puede mostrar la yugular ni el afecto. Un collar es fría caricia que decora. Una nuca nunca anuncia nada nuevo. Rezagada, detrás de la idea, se consuela pensando que, al menos, tiene sombra propia.
De A propósito de los cuerpos
viernes, 13 de abril de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
Industria de la madera
Porque soy la cabaña del guardabosques,
la mesa de roble sobre la que se come y llora,
la pata de palo, cerillas, un baúl con bastón,
la pasarela que se burla del dios de los ríos,
la puerta trasera de una guitarra,
las ruedas de la diligencia,
y porque soy la imaginación de Gepetto
y soy un armario, un biombo, una balsa
que surca los charcos movedizos de serrín,
porque sea lo que sea, soy de madera
y aunque parezca sólida
las termitas me atacan los adentros,
sustituyen por oquedad mi sangre
sin que se note a simple vista
hasta el momento de
la disgregación.
sábado, 31 de marzo de 2012
Costurera
Cruzaba el bastidor a punto
de convertirse en tijeras.
La luz del ventanal se le pegó al vestido,
transparentándolo,
mostrando un esqueleto de mimbre
que nadie debería haber visto.
Corrió a sentarse en la oscuridad.
Quiso morderse las uñas,
pero diez dedales de cloroformo
se lo impedían.
Se encogió hasta creer tener
el tamaño de una puntada
y se durmió profundamente,
comenzando por las yemas de los dedos.
viernes, 23 de marzo de 2012
La mirilla
Hay gente que se dice grande
(y, por supuesto, no me refiero
a la altura ni a la intensidad),
pero nadie lo es tanto:
todos caben en la mirilla,
todos son el eje de un anillo,
todos miden un vistazo,
todos pesan un parpadeo,
todos desaparecen
detrás de un gen de gong,
pequeño vaivén de latón,
espía de lo que ya se sabe.
De Esta dichosa ansiedad doméstica
jueves, 15 de marzo de 2012
No prometo decir la verdad
Tan sólo vengo a prometer un poema,
un electrocardiograma estimativo para ningún diálogo,
un atentado contra una cuchara sin rozar la cucharada.
Veo que hoy sigue siendo brutalmente ayer,
aprieto la mano del verso que me arrastra a su barro
y, una vez más, me encharca los pulmones.
No se camina si no se mueve el camino
y cuando veo un cadáver e investigo la autoría de su muerte,
del primero que sospecho es del cadáver.
Me pudriré pero estoy llena de hojas.
De la escalera, es casi mío un escalón.
Últimamente no propician horas para escribir
la conjunción de los astros ni las confabulaciones
de las hormigas rojas en mi glotis.
Es por ello este minuto y medio deletreado,
desenchufadas las posibles rimas
antes de lanzarlas al agua.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
