Pero no muda:
http://revistahache.blogspot.com/2011/11/autores-del-numero-6-7-de-hache-elena.html
miércoles, 30 de noviembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
Imagínate
¿Te imaginas que los detergentes para vajillas no fueran tan eficaces como aseguran sus fabricantes, y no borraran las huellas de los labios y dedos que se posan en las tazas, vasos, platos y cubiertos? ¿Que el cristal, el acero y la loza, conservaran desde el primer hasta el último aliento de quienes saciaron su sed o su hambre en ellos? ¿Que en un mismo vaso convivieran las pulsiones de un niño de tres años y una niña de siete siglos, del esposo que pernocta en los sexos clandestinos, de la vecina indiscreta, del suegro que sorbe (por costumbre) y babea (por la edad), de la cuñada subjetiva, de los amigos cómplices de uno u otro bando, de la madre indignadísima a la vez que neutral, de todos cuantos se internaron en el hogar figurado y degustaron cualquier bebida o manjar? ¿Que ninguno de los mil y un lavados hubieran hecho desaparecer la presión de la carne sobre el aparentemente inmutable ajuar compartido?
¿Te imaginas que, al acercar un día tu boca a una copa, vieras todas las firmas de la traición y, sin pánico ni asco, pegaras tus labios a ese apócrifo cáliz y bebieras de las farsas licuadas, y sintieras que el agua que corre por tu garganta es un cúmulo de salivas calientes e infecciosas que sólo inducen a la autocompasión y al vómito?
(Estrellas la copa contra la pared. Lanzas los cubiertos como dardos contra el telón invisible, los platos contra el techo. Te cubres la cabeza con los brazos para protegerte del orgullo que cae, hecho añicos).
¿Te imaginas?
Te lo crees.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Destrucción de algunos tópicos sobre una escalera
Peldaño a peldaño
quien sube, espera
llegar a su destino,
tumbar lo vertical.
Se debería intuir que
al final de cada tramo
hay otro tramo y, si no,
eso que llaman meseta.
Si prevalece ascender,
impera la ley del giro
de ciento ochenta grados.
Por aquello que sube
o se aprende a bajar
o se aprende a caer.
De Destrucción de algunos tópicos sobre lo incierto
jueves, 10 de noviembre de 2011
Compositora de palimpsestos
En efecto, comenzaba a oscurecer,
y yo tenía la vista cansada de estar de pie.
Lo que estaba leyendo, no lo entendía;
se suponía que lo había escrito yo
pero ésa no era mi letra.
El manuscrito narraba la típica historia
en la que, al final, todos se mueren.
Sólo cuando esa gran luna inmensa,
a la que llaman nueva existiendo
desde el primero de los siglos,
fue escupida contra mi ventanal,
pude leer la verdadera historia,
oculta tras una segunda tinta,
que narraba cómo se mueren
todos menos nosotros.
sábado, 29 de octubre de 2011
La colcha
Una de nosotras dos es
cálida,
suave
y acrílica.
La otra, cuando no sabe qué decir,
habla.
Una es síntoma de invierno,
la otra también.
Sólo una de las dos
es consciente de su naturaleza
y vive de acuerdo con ella,
no admite plancha ni lejía
y por uno de sus extremos está
levemente deshilachada.
De Esta dichosa ansiedad doméstica
jueves, 20 de octubre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
Preoniria
Ese sonido como de flauta con frenillo no proviene de la tienda de animales, sino de mi barriga. Entré en la tienda para mirar, me compró barata un mosquito, me lo comí, se puso gordo y ahora silba cuando se aburre y me da codazos cuando huele a coñac.
Si no se royeran tanto los huesos de cereza, ya habrían brotado en la calle de atrás más de treinta cerezos por centímetro cuadrado, y al mediodía se descansaría. Pero me tengo que conformar con la tundra en el pasillo, con esta selva hasta las rodillas en la que no se me permite enterrar un acordeón al que no haya amortajado antes envolviéndolo en un mono naranja y chispeante. No importa, porque toda eternidad es pasajera y, además, no siempre me apetece inhumar acordeones (no puedo decir lo mismo de los mosquitos).
Como hoy es día par, late mi corazón. Lo hará hasta el anochecer, momento en que correrá a juntarse con los tambores. Y yo, intentando reconocer su voz entre otras percusiones, me dormiré abrazada a un listado provisional de afectados por la vida. Luego, al despertar en non, seguirá en su sitio aunque invisible. Con un electroshock le haré salir de su escondite, al norte del mosquito y al principio de un hueso de cereza.
La bengala que llevo clavada en la yugular no me la voy a quitar porque por la noche me gusta abrir los ojos y encontrarme el cuarto lleno de lanchas que me invitan a coñac para reanimarme.
sábado, 1 de octubre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
A salvo de los obstáculos
Si me dejara crecer las cejas
hasta taparme los ojos, el rostro,
me compondría dos trenzas ariscas
por las que bajarían mi niña derecha
y mi niña torcida hasta llegar a mis pies,
las cuales, subidas a la punta de mis zapatos,
me advertirían por dónde tengo que caminar,
ciega, para no topar con ningún ángel muerto,
de esos a los que, creyendo vivos,
les coso piedras a las alas
para que no puedan volar
o no lo hagan conmigo.
De Zaquizamí
lunes, 12 de septiembre de 2011
Entre alforjas
Soy la alegre cowgirl
y monto al más bravo toro mecánico,
poseída por el espíritu de las batidoras de Braun,
rompiéndome el menisco mas no la sonrisa,
festejando un corpiño de ante con flecos,
agitando el sombrero a la manera cuatrera,
rompiéndome un brazo mas no la sonrisa,
jaleando a la vida con nombres de res.
Jimmy toca la guitarra a la vez que la armónica,
moviendo los pies en un baile de espuelas,
pidiendo palmas que coreen huesos rotos.
Me mira de reojo para comprobar si estoy
rompiéndome el cráneo mas no la sonrisa
o rompiéndome los dientes y, horror, la sonrisa,
con un bote de árnica oculto bajo su chaleco
y mil canciones para llevar entre alforjas.
Nada de esto nos importa demasiado,
porque luego Jimmy soldará mis roturas
con su amoroso hierro candente
junto a una hoguera en la noche
al calor de los coyotes y los cactus,
mientras el aire en las dunas barre,
superficialmente, riesgos del entorno
y silba a los lagartos su sonrisa entera.
sábado, 3 de septiembre de 2011
II
Y ya que un incendio implica soledad,
ausencia sinónima de la blancura,
equivaliendo la desolación al limbo de las ratas,
sólo cabe desear que el cielo se contagie
y llueva, llueva mucho, llueva.
Han de brotar camisas y puentes,
y ya que de un incendio se deduce un campo
y la ciudad se encuentra a pocos versos,
que venga el camino y nos llene de pasos
provistos de una ida y una vuelta
y calculemos la orientación del arco iris
para ponerle un mango y abrirlo
bajo las últimas gotas, y plegarlo
bajo el primer amago de la clorofila.
lunes, 29 de agosto de 2011
Velouria
Winda pensó que lo mejor que podía hacer era soltar lastre. Se quitó las katiuskas, el abrigo de charol y el ataúd, y los arrojó a lo largo del camino de árboles. También se quitó las gafas, y por eso no vio la aldea que tenía enfrente hasta que no se estampó contra ella; contra toda la aldea; porque era muy pequeña; la aldea. Winda la percibía como una masa borrosa de muchos colores, cúpulas con espinas y calles desiertas pero vistosas. Y cómo olía... a flotadores rojos, a mermelada helada, a suspiros positivos, a lluvia de caramelo. Tropezó con un riachuelo pero, como no quería nadar, se limitó a echarse agua en los ojos y en la boca, un agua que al salir de su hábitat se solidificó y transformó en dos lentes y un bozal. Winda veía ahora, sí, y con una claridad insólita, aunque por otro lado no podía morder el polvo, ni la fruta ni las palabras, y eso le hacía temblar de hambre, creer desfallecer, delirar e imaginar al guerrero sentado en una piedra detrás de su lanza, junto a un caballo negro tendido sobre la hierba que, con una máscara de bronce cubriéndole medio rostro y parte de la crin, estiraba las sienes hasta delimitar perfectamente el este y el oeste de la mirada. El guerrero incrustó el pico de su lanza en las lentes y el bozal de Winda y escribió “Hasta otra”, rompiendo así el último de los maleficios; los anteriores no. Winda encontró la salida del lugar saliendo. Pisó un géiser y fue impulsada hacia arriba, hacia los territorios de la luna llena. Se abrazó a ella, se resbaló jugando, y cuando iba a caer al suelo de nuevo, pensó que lo mejor que podía hacer era cambiar su dieta a una más rica en plomo, o desnucarse de una vez por todas.
viernes, 19 de agosto de 2011
Incidental
Mira, nos ponemos
las manos a la altura de las orejas,
más o menos curvadas (las manos,
no las orejas), y decimos palabras en voz baja
sin mover apenas los labios (palabras como:
trípode, otorrino, cojín, piscina, recital)
y entre ellas deslizamos frases importantes
(por ejemplo, nos invitamos a comer gotitas
o nos comunicamos cuánto nos agrada julio),
y nos guiñamos. Y así tendremos (sin escribir)
esos paréntesis que tanto nos gustan.
miércoles, 17 de agosto de 2011
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