jueves, 9 de febrero de 2012

Pequeño

Estoy más feliz que un paraguas en abril
y con mi sonrisa
podría surcar un océano, pequeño.
Escondo los pañuelos en una sábana
cuya tristeza no me deja dormir.
Soy fuerte como una niña
tumbada en la hierba
sacando nubes de entre sus uñas.
Hay días que pasa un camión,
hay días que pasa un volcán,
pero todos, todos los días,
lo que sea
me atropella.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Destrucción de algunos tópicos sobre el ahorro




Después de pasar toda la vida trabajando,
limitando el gasto a lo estrictamente necesario,
engrosando la cuenta corriente con líneas numéricas,
un día uno se levanta triste, loco,
asegura que le roban (siente frío), que nadie le quiere,
echa a andar y termina perdiéndose,
lega ante notario sus posesiones a una libélula
como gestación de su penúltimo acto poético,
constituyendo el último su solitaria muerte,
tras la que queda sin efecto su voluntad
por no encontrarse, dicen, en sus cabales,
y todo lo que ha conseguido en la vida
no ha sido ni para él ni para su libélula,
pues siempre hay un decreto que postula
justo lo contrario de lo que uno entiende.


De Destrucción de algunos tópicos sobre lo incierto

domingo, 22 de enero de 2012

Instante o retrato

        Era el cumpleaños de mamá. El ramo de rosas rojas se lo regalamos nosotros. Bueno, lo compró papá, pero la intención del regalo provenía de todos. Era la época en que la intención valía más que el dinero, y más que ahora, que no sabemos invertirla, ni cómo, ni cuándo.  

        El niño de la derecha, el más alto, es Manolo. Siempre sale serio. Y no es que no sonriera, es que lo hacía para dentro. A su lado, el que se estira la boca con los dedos y saca la lengua es Rafa. Mamá se llevó un disgusto tremendo cuando vio cómo había posado para la foto. No era la primera vez que lo hacía, pero en aquella ocasión, no sé por qué, le afectó demasiado. Ésa soy yo, la que está a la izquierda. La niña despeinada con el vestido lleno de barro y las rodillas negras. Mamá me apretaba la mano con fuerza para que no me escapara. Por eso y porque llevaba tres días castigada por comer hormigas, tengo cara de estar a punto de echarme a llorar. El bebé que sostiene mamá contra su pecho es Inma, nuestra muñeca preferida... Dormía como las cerezas, roja y arrugada.

        Papá rodea a mamá con el brazo mientras le dice algo. Existió ese momento.

        Mi tía Pilar, haciendo aspavientos con una mano al otro lado de la cámara, nos pedía que sonriéramos y no nos moviéramos tanto. Hoy el cáncer le hace fotos a ella. Y ella sonríe, muy quieta.
      
        El perro no era nuestro. Fue un espontáneo. Pertenecía al hombre azul cuyo rostro sale partido por la mitad ahí, en esa esquina, mirándonos. Él no es de la familia. Parece triste...   

miércoles, 11 de enero de 2012

Últimas noticias



Atención, todo consiste en su sonido
y así los pasos son la voz de los pies.
O todo consiste en su aroma
que, cuando no es dulce, no tiene nombre.
Pero es que todo consiste en su tacto,
en la temperatura heredada de las uñas.
Sin olvidar que todo consiste en su gusto:
informe de la saliva.
Hasta que todo consiste en su visión
y la noche llora.



viernes, 30 de diciembre de 2011

Todo comenzó con una nube


El 2012 también empezará, seguro, con una nube. Pero ya hace tiempo que se inventaron los paraguas (por favor, no os pongáis bolsas de plástico en la cabeza o se os borrará la cara).

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La tos

No hablo: golpeo,
riego el aire para que crezca,
abro bien la boca como  enfadada,
estrangulo con un pañuelo mi timidez.

No hablo: hago ruido y ruido con los ojos,
presento a mis pulmones, qué enfermos…
arrugo mi garganta con grabaciones antiguas,
puedo llegar a ser muy molesta incluso para mí.


sábado, 26 de noviembre de 2011

Imagínate


¿Te imaginas que los detergentes para vajillas no fueran tan eficaces como aseguran sus fabricantes, y no borraran las huellas de los labios y dedos que se posan en las tazas, vasos, platos y cubiertos? ¿Que el cristal, el acero y la loza, conservaran desde el primer hasta el último aliento de quienes saciaron su sed o su hambre en ellos? ¿Que en un mismo vaso convivieran las pulsiones de un niño de tres años y una niña de siete siglos, del esposo que pernocta en los sexos clandestinos, de la vecina indiscreta, del suegro que sorbe (por costumbre) y babea (por la edad), de la cuñada subjetiva, de los amigos cómplices de uno u otro bando, de la madre indignadísima a la vez que neutral, de todos cuantos se internaron en el hogar figurado y degustaron cualquier bebida o manjar? ¿Que ninguno de los mil y un lavados hubieran hecho desaparecer la presión de la carne sobre el aparentemente inmutable ajuar compartido? 

         ¿Te imaginas que, al acercar un día tu boca a una copa, vieras todas las firmas de la traición y, sin pánico ni asco, pegaras tus labios a ese apócrifo cáliz y bebieras de las farsas licuadas, y sintieras que el agua que corre por tu garganta es un cúmulo de salivas calientes e infecciosas que sólo inducen a la autocompasión y al vómito?   

(Estrellas la copa contra la pared. Lanzas los cubiertos como dardos contra el telón invisible, los platos contra el techo. Te cubres la cabeza con los brazos para protegerte del orgullo que cae, hecho añicos).  

¿Te imaginas? 

            Te lo crees.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Destrucción de algunos tópicos sobre una escalera

Peldaño a peldaño
quien sube, espera
llegar a su destino,
tumbar lo vertical.
Se debería intuir que
al final de cada tramo
hay otro tramo y, si no,
eso que llaman meseta.
Si prevalece ascender,
impera la ley del giro
de ciento ochenta grados.
Por aquello que sube
o se aprende a bajar
o se aprende a caer.

De Destrucción de algunos tópicos sobre lo incierto

jueves, 10 de noviembre de 2011

Compositora de palimpsestos

En efecto, comenzaba a oscurecer,
y yo tenía la vista cansada de estar de pie.
Lo que estaba leyendo, no lo entendía;
se suponía que lo había escrito yo
pero ésa no era mi letra.
El manuscrito narraba la típica historia
en la que, al final, todos se mueren.
Sólo cuando esa gran luna inmensa,
a la que llaman nueva existiendo
desde el primero de los siglos,
fue escupida contra mi ventanal,
pude leer la verdadera historia,
oculta tras una segunda tinta,
que narraba cómo se mueren
todos menos nosotros.


sábado, 29 de octubre de 2011

La colcha

   Una de nosotras dos es
   cálida,
suave
y acrílica.
   La otra, cuando no sabe qué decir,
habla.

   Una es síntoma de invierno,
la otra también.

   Sólo una de las dos
   es consciente de su naturaleza
   y vive de acuerdo con ella,
   no admite plancha ni lejía
   y por uno de sus extremos está
   levemente deshilachada.

   De Esta dichosa ansiedad doméstica

domingo, 9 de octubre de 2011

Preoniria

Ese sonido como de flauta con frenillo no proviene de la tienda de animales, sino de mi barriga. Entré en la tienda para mirar, me compró barata un mosquito, me lo comí, se puso gordo y ahora silba cuando se aburre y me da codazos cuando huele a coñac. 

Si no se royeran tanto los huesos de cereza, ya habrían brotado en la calle de atrás más de treinta cerezos por centímetro cuadrado, y al mediodía se descansaría. Pero me tengo que conformar con la tundra en el pasillo, con esta selva hasta las rodillas en la que no se me permite enterrar un acordeón al que no haya amortajado antes envolviéndolo en un mono naranja y chispeante. No importa, porque toda eternidad es pasajera y, además, no siempre me apetece inhumar acordeones (no puedo decir lo mismo de los mosquitos).

Como hoy es día par, late mi corazón. Lo hará hasta el anochecer, momento en que correrá a juntarse con los tambores. Y yo, intentando reconocer su voz entre otras percusiones, me dormiré abrazada a un listado provisional de afectados por la vida. Luego, al despertar en non, seguirá en su sitio aunque invisible. Con un electroshock le haré salir de su escondite, al norte del mosquito y al principio de un hueso de cereza.

La bengala que llevo clavada en la yugular no me la voy a  quitar porque por la  noche me gusta abrir los ojos y encontrarme el cuarto lleno de lanchas que me invitan a coñac para reanimarme.