sábado, 3 de octubre de 2026

Sobre "Nada se perdona" de Antonio José Royuela

 



Una historia que son muchas historias. Muchas historias que son la misma que, tristemente, se repite desde el principio de los tiempos: guerras, crueldad, ambición. Un pasado que parece que no termina y que se aferra a la nuca de quienes necesitan olvidarlo para comenzar una vida nueva, la vida que de verdad merecen. La esperanza en el salón. La esperanza escuchando ruidos en la entrada y aguardando, silenciosa, con las persianas subidas. Los ruidos convirtiéndose en sonidos, en respiración. Lo trepidante, lo que parece que no tiene fin... y lo tiene. El libro que se mueve cada vez que lo miras. El libro que te mueve de la butaca a lo increíblemente humano. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Otra vez todo

 

Ya empezaba a moverse
otra vez todo:
otra vez el tacto del aire
volvía a implicar movimiento.
Y se me movía un botón,
y se me movía la falda,
y se me movía el pelo,
y se movía el ojo del lobo
a la espera de que yo
también me moviera.

lunes, 21 de septiembre de 2026

La hoguera - Manuel Fabián Trigos Baena




La hoguera, de Manuel Fabián Trigos Baena, publicado por Eolas Ediciones este 2026, el libro que se salvará del fuego porque es el fuego, es una disertación sobre la vida y, por supuesto, sobre la muerte. El fuego es el aliento de los seres vivos, el alma, pero también es el destino al que nos dirigimos y del que podríamos (y esperamos) renacer.

Podemos encontrar en él poemas con un alto componente simbólico, poemas que nos acercan a un paisaje que queda detenido en estas páginas. Pero el hecho de que el paisaje quede aquí grabado no significa que permanezca imperturbable: cuando el lector lo procesa, pone al lector en movimiento y así el proceso se convierte en algo múltiple, interminable y contagioso. Como la antorcha que, en las Olimpíadas, pasa de mano en mano: en este caso, del corazón de Manuel Fabián al nuestro: imposible no quemarnos.

En una gran parte de los poemas, por no decir en casi-casi-casi todos, hay alguna alusión al fuego, bien a través de palabras inequívocas (llagas, ascuas, lumbre, luz, humo, velas, cenizas, infierno, aquelarre, derretir), bien mediante conceptos que pudieran evocar indirectamente ese fuego (oro, desierto, fábricas, la sensualidad, la avidez, el óxido, relámpagos, cigarras, neón). Todos estos términos levantan el viento que consigue que el fuego no se apague en ni una sola página.

No es La hoguera un libro de aquí te pillo, aquí te mato. No es un volumen de poemas con los que distraerse unos segundos libres entre un rato y otro No es un libro que se beba de un trago sino que necesita tiempo, atención, asimilación, aislamiento del exterior y sus ruidos… son poemas que, una vez digeridos, continúan en nuestro interior bifurcándose en otros posibles sentidos. Con una mano, Manuel Fabián Trigos Baena nos señala una puerta, y con la otra nos tiende una llave para que abramos dicha puerta en la medida que consideremos y/o necesitemos. Qué hay tras esa puerta: filosofía, conceptualismo, exactitud, el justo equilibrio para diferenciar la pregunta del dilema, un despliegue bárbaro de imágenes y el manejo magistral de un lenguaje único y personal mediante el que ejerce la traducción de lo universal, un lenguaje íntimo y esclarecedor con el que el autor trata de llegar con la palabra a donde llega con la mirada, y viceversa.

No es que el fuego sea la excusa para tratar temas como son el dolor, la incomprensión, la identidad, la defensa de las raíces a la vez que la de la autonomía, la conexión innata y auténtica con la naturaleza, la suavidad y la fiereza, sino que el fuego es el canal por el que el autor nos lleva hacia un reciclaje de la desolación y hacia la calma. Algo así como el unívoco camino de la lava. 

Además del fuego se atisba una insistencia continua en el hueco y en la forma (el ser no está sobre un sitio sino encajado dentro de él, así como el fuego queda encajado dentro de lo que arrasa e incita), y también una insistencia en el tránsito, en los ríos, en la herida. Aunque son varios los versos que podría traer por su alto poder conmovedor, elijo como cierre ese hermosísimo aforismo que nos brinda en el poema "Átomo": 

Las nubes son hijas del fósforo blanco.

Preguntado por su color preferido en esta época actual, confiesa que es el gris. Pero un gris bonito y rutilantemente vivo. Como el de la urbe.


 




sábado, 12 de septiembre de 2026

Los amantes debutantes (texto basado en la composición de Álvaro Antón)

 



Los amantes debutantes se retuercen para encontrarse cara a cara. Como lo hacen a la vez, no consiguen tenerse enfrente y les resulta imposible saber qué diámetro tienen los tornillos que les faltan. En su contorsión -a su pesar, metálica- representan olas revueltas con cuya punta la espuma escribe caligrafías árabes. Bailan y es un nueve; bailan un ocho; un tres. Las manos del otoño tocan pianos de alambre para acompañarles, pero su sonido llega a ellos convertido en brillo que les ciega. Intentan unirse echando a un lado su filo agudo, el extremo no soldado, el libre. Acaban de empezar a conocerse y si distinguen el principio del final es por casualidad, porque el principio es cuadrado y el final también, y viceversa. Tanto se contorsionan que los pocos instantes que se ven se preguntan si el uno no es el otro y quién es quién. Sus defectos no les preocupan. Ya les preocuparán cuando por fin estén juntos y les servirán para dejar de estarlo y comenzar de nuevo la convulsión, su danza necesaria.



(Texto inspirado en la obra del mismo nombre, creada por Álvaro Antón).

viernes, 21 de agosto de 2026

Absolutamente

 

Sesenta y nueve veces levantaré tu nombre

antes de dejarlo caer

sobre mi pelo.

Si me prometes no prometerme nunca nada,

sería una buena excusa para pactar lenguas

y rompernos / absolutamente la ropa.

Esto no tiene que ver con la electricidad,

sino con la nuestra.

Escucha, mira, siente, palpa, huele

lo que te pido:

sácame a bailar un incendio

antes del próximo segundo.

Es que quisiera no poder hablarte.


jueves, 16 de julio de 2026

domingo, 5 de julio de 2026

Circular

 

 
Si al final de la calle ves a una niña sola, más que chica chiquitísima, con un globo en la mano, tendiéndolo a quienes pasan por su lado, es posible que, si te advierte mirándola, eche a correr en dirección contraria hasta perderse. Pero si vas distraído o no te resulta llamativo el hecho de divisar a una niña chica chiquitísima tan sola, girando sobre la punta de sus pies sin soltar su globo, entonces ella seguirá ahí, esperando a que pases, feliz con su danza porque, al igual que su globo, es circular. No te confíes, mírala conforme te vayas acercando para que huya. Porque si no entiendes lo que está ocurriendo y caminas hacia ella y te tiende su globo, es entonces cuando advertirás que es demasiado chica para estar sola, que va demasiado maquillada para ser una niña, que tiene demasiadas arrugas para sostenerse en pie y que su risa no es infantil, ni siquiera humana. Si esto sucede, solo podrás salvarte de una manera: no cojas el globo.


viernes, 26 de junio de 2026

A su paz

 

                                                                                    A Daniel Paraíso, qepd

Dragón por tres,
ampliación del Universo,
cordillera en ciernes,
incansable guardián de la pluma
a la que acecha el viento.

Tuyo es ahora
cada rincón
de lo que no se ve. 

Despacio y dormido
te acabas de mudar
detrás de las nubes,
ahí donde
formas parte del viento
para seguir rugiendo muy,
muy suave.




lunes, 15 de junio de 2026

Áurica Speculari - Rocío Cerón







Áurica Speculari es un libro donde se funden las imágenes y sus sonidos a través de 7 partes (7 regiones delimitadas por tablillas). El escenario, único y múltiple, alterna paisajes postpostcuánticos donde se intuye el momento posterior a lo que hubiera podido suceder, el cual se presenta como si ya hubiera sucedido (porque ha sucedido cada vez que es imaginado). Son paisajes desiertos y a la vez acústicos. Lo espiral y una piedra circulan a lo largo de todo el libro, demostrando que el poema es redondo. Lo tribal, lo animal, lo vegetal, los planetas, los metales, los alfabetos inventados, el ritmo infinito, la figura del padre y su caminar borroso, el muro contra el que choca el grito que retorna, apagado… se imantan entre ellos. Es una narración automática de lo intangible, donde todos los conceptos son de hilo y así, el sentido. El tiempo aparece aquí lleno de fisuras por donde entra y sale lo imprevisto. Un flujo constante de materia y esencia, lo molecular, el idioma a partir de la emoción, del rumor, del balbuceo. El bosque donde, como lectores, nos adentramos para percibir la comunicación desde las raíces del árbol hasta la hoja que está a punto de caer.


Rocío Cerón es, a partes iguales, la Observante (tal como se define en redes) pero también la Escuchante. No hay brizna que se mueva sin que ella la escuche. Porque en su mundo de observación y escucha, todos los sentidos están conectados mediante una sinestesia interminable. “Un margen siempre será tocado por otro margen”, dice Rocío en su silencio interno (nunca el del mundo), con el que es capaz de reproducir el latido pausado de un animal nocturno y alado unas veces, subterráneo otras veces. Ese animal es un animal que es una estrella y es una gota de agua y es la grieta por la que la luz accede a la cueva y la ilumina. Nuevamente, como en anteriores libros, el cuerpo se presenta como receptor y conservador de la memoria necesaria para actuar a través de la piel. Desde joven ha practicado la fusión de sonidos y palabras, acometiendo “experimentos radicales de sonoridad y letras alteradas, multiplicadas, desbarrancadas o ascendentes”.

En paralelo a conceptos astronómicos inmensos (lo interestelar, la nebulosa, el tránsito), vislumbramos personas solitarias que se cruzan con esos conceptos astronómicos inmensos en algún momento de sus vidas sin saberlo (se creían solas). De nuevo la poesía, en manos de Rocío Cerón, es algo sonoro y es algo visual. Es este libro una sala poblada por sombras autónomas que no dependen de ninguna forma específica que las proyecte, es decir, son sombras independientes. Los colores no proliferan en estas páginas, no al menos deliberadamente. A veces porque las imágenes empleadas ya llevan incorporado su propio color, otras veces porque Rocío viene a demostrarnos que el color, en sí, no es importante: solo importa si predomina la luz o la oscuridad. Mediante una poética minimalista, donde el mayor peso recae en el sustantivo y el verbo, llega a la exactitud y a la autonomía.

La muerte, aquí, vuelve el rostro porque es nombrada y tiene curiosidad por ver no solo quién la nombra sino cómo camina. La importancia de los nombres no es algo casual. “Nombrar hasta que sangre la flor”, dice Rocío. Y entonces, todo recupera su sentido.

Su color preferido, en esta época, es el beige.


sábado, 6 de junio de 2026

Tácticas de supervivencia

 

 
Se hizo el muerto para que no le mataran como a los demás. Esperaba, quieto y controlando la respiración, a que se hiciera el silencio para abrir los ojos, levantarse y huir. Pero todo era ruido: los últimos soldados caminando sobre hojas secas, los muertos de verdad dejando ir, poco a poco, la vida y los recuerdos, el rocío por la mañana, los grillos por la noche, los animales salvajes comiéndose a los muertos de verdad, el posarse de los cuervos en las ramas cercanas, un amanecer tras otro, el campo, la vida y los recuerdos abandonándole y el estruendo insoportable que llegaba un segundo antes del silencio.


domingo, 10 de mayo de 2026

Indietro

 
Para no volver a este momento
despliego un mar
entre lo que abandono
y desde donde comienzo
a caminar hacia atrás.
Caminar hacia atrás es un buen ejercicio
para el corazón por la tarde.
En cualquier momento puedo detenerme,
cambiar de dirección o
continuar caminando hacia atrás.
Cualquier cosa menos volver a este momento.
 
Lo que veo, cada vez más lejos,
crea burbujas en mis ojos.
En algunos momentos explotan.
Caminando hacia atrás
vuelven a reproducirse.
 
Caminando hacia atrás, mi padre
despierta.


sábado, 9 de mayo de 2026

El diez

 

Como todos los años,
veo llegar el diez
y sus ortigas en la boca.
Podría apartarme
pero no lo hago:
es mi padre.
Mientras llega, reconozco
que demasiadas veces quise
haberme ido con él.
Me sigue doliendo amanecer
desde el lugar que no conocíamos.
Por este camino que me ha emprendido
se me van cayendo pequeñas llamas
que enseguida se apagan
y enseguida se encienden.

viernes, 1 de mayo de 2026

Previa a la tormenta

 

MUJER: Esa nube parece un cerebro lleno de preocupaciones.
NUBE: Me preocupa que esa mujer sepa lo que parezco.
MUJER: La gente dice que va llover como si fuera algo malo, ¿por qué?
                             (Se escucha un trueno)
NUBE: El problema no es la lluvia. El problema es el trueno.
MUJER: Esa nube parece que dice algo.
NUBE: Esa mujer parece un relámpago.

lunes, 20 de abril de 2026

lunes, 13 de abril de 2026

Elástica 2026

Lo hicimos en 2019, lo hicimos en 2022 y lo volvemos a hacer, las elásticas Eva Hidalgo y yo, en 2026. 

El cartel, idea y diseño de la gran Nuria Barea nuevamente.




domingo, 5 de abril de 2026

Sal del mar



El último día que hablé contigo el agua era cálida

y su invitación a entrar en ella,

difícil de rechazar.

Apenas se movían las olas

y que estuviera nublado,

humanizaba a agosto

en el infierno.

La medusa que me picó

era invisible como

la responsabilidad en estos tiempos.

Sentí un latigazo eléctrico,

sentí un manotazo ardiendo.

No me llames más.


sábado, 21 de marzo de 2026

Poetry planetariat #11

 

Poetry Planetariat, impulsado por el movimiento World Poetry Movement, ha sacado el número 11. En el enlace se puede descargar el pdf con las colaboraciones que lo componen. Tengo la suerte de andar por ahí. Gracias. 

lunes, 9 de marzo de 2026

Karaoke 7

 

Imagínate ser como Bill pero, en vez de a Japón, te corresponde un viaje a Urano por poder llegar a ser comprador habitual de la marca de verdura congelada que acaba de quebrar. Improvisarías un karaoke sobre la marcha. La próxima vez, dentro de algo menos de veintiséis años, lo hacemos así: quedamos en Urano. Nos dejaremos llevar por el tenue girar de sus anillos tenues. Veremos veintisiete lunas. Escupiremos sobre el número cuatro. En el tren en el que viajaremos, se desplazan solas las puertas que separan los vagones cada dos por tres, sin que haya nadie detrás que quiera pasar (para qué pasar, pudiendo quedarse). Y cuando estemos acostumbrados a las bajas temperaturas de Urano, creeremos que en todas partes hará frío. Entonces, en ese momento, nos vamos a Marte. Dejamos caer al suelo nuestros abrigos; en unos segundos ya estarán fritos; en unos minutos, no existen. Vamos allí simplemente para echar la tarde y comprarnos unas gafas de sol. Después, volvemos a Urano. Nuestra piel se convierte en materia de mapa mientras transcurren ochenta y nueve años y podemos regresar. Antes de eso, yo habría cerrado los ojos durante el máximo tiempo posible para comprobar si, al abrirlos, seguirías ahí con la muerte espantada en tu pecho.


domingo, 8 de febrero de 2026

Paraguas estampado transparente

 

El problema, ante la tormenta,

reside en la posición del paraguas:

sin cerrarlo, habría que ponerlo boca arriba,

sentarnos sobre él y, esquivando esas cosas 

que normalmente están quietas, 

no navegar, no remar, 

dejarnos llevar a donde nunca hemos ido

porque llovía demasiado.



sábado, 24 de enero de 2026

No (tan) ángeles, sí (muy) diversos

 

Nueva hornada de "No (tan) ángeles" con nuevas portadas. Lo de dentro es lo mismo, recordad (collages de Rrose Sélaby, prólogo de Rocío Cerón, epílogo de Ddrammi Ggiocosi, ángeles y sus movidas por todos lados, La cartonera del escorpión azul manufacturadora, yo pasando por ahí).  Lo de fuera es una versión cartonera renovada 2.0. No hay muchos ejemplares pero qué bonicos son.




Podéis pedir un ejemplar a la editorial (lacartoneradelescorpionazul@gmail.com) o a mí (enviadme mensaje por aquí o por otros medios donde sepáis que me localizáis).





martes, 6 de enero de 2026

Vera

 

Lo que se sueña cambia de color (así el lago rosa, el perro verde, el pájaro tan azul que no se distingue apenas del cielo algunas tardes). 

Las abejas que duermen más, meriendan avena o kéfir. 

Lo que se sueña no suena, por eso no se recuerda, al despertar, una entonación concreta excepto la del murmullo del agua (el lago rosa, el río amarillo, el mar polícromo) o el de la brisa (algo blanco o similar). 

A punto de cumplir dos años, Vera acierta dónde colocar la estrella (el pájaro mutante tan azul que no se distingue apenas del cielo algunas tardes) y dónde colocar el círculo (el perro verde creciendo o similar); hay personas mucho mayores que ella que se lían con esto. 

Se acerca la noche más fría en lo que llevamos de año, qué más da. Mañana habrá sol y pasado ya veremos lo que dicta el sueño.