sábado, 25 de mayo de 2024

Hipermetropía

 

Mi padre, cuando volvíamos los domingos

de comprar lluvia y recortables,

me refiero a

cuando yo era pequeña de edad

y enorme de estatura,

por aquel entonces,

mi padre los domingos

movía la cabeza y me decía:

niña, no empequeñezcas nunca,

y yo le dejaba saltar

desde la palma de mi mano.


De "Será genealogía" (La isla de Siltolá, 2012)

viernes, 12 de abril de 2024

Cómo, sin viento

 


Cierra la puerta:

que no entren,

que no salga.

¿Cómo se ha abierto la puerta

por el lado contrario?,

¿cómo, de madrugada?

¡Que no entren los tiempos!

¡Que no salga mi padre!



jueves, 21 de marzo de 2024

Manos grandes

 

Hay un lugar en lo que miramos,

que es el lugar donde el frío

agranda las manos de los hombres

que desayunan hielo.

Ellos quieren componer muebles.

Las mujeres inventaron la llave

que ellos no pueden utilizar:

es una llave pequeña,

son unas manos grandes.

Ellos así no saben vivir,

sin sentir suya la madera.

En vez de hacer más grande la llave,

quieren morirse, pero

no abriendo un bote de pastillas,

no anudando la soga:

sus manos no atinan 

con una muerte minúscula.

Ellos necesitan para matarse

una pistola de balas inmensas,

un sentarse frente al último amanecer,

un martillo para romperlo y romperse.


miércoles, 13 de marzo de 2024

Misión: imposible

 

Alicia Es. Martínez le pone voz al poema "Misión: imposible" de mis "No (tan) ángeles" (La cartonera del escorpión azul, 2023). 


¿Dónde podéis oírlo y ver el vídeo elaborado al respecto? Pues aquí.


Gracias a Olga RT por su infatigable labor de propagación absoluta de la poesía de mujeres.



sábado, 9 de marzo de 2024

Toy (Thomas Feiner)

 

Banda sonora escrita de un domingo. Perdón, sábado, pero como llueve, parece otro sitio


Toy


(y recupero la música)

jueves, 7 de marzo de 2024

Las provincias de Benet o vivir en un Chagall, de Elías Gorostiaga

 





      Hay poemarios que son manojos de llaves, o son sólo sombras de poemarios, o son el césped de madrugada, o son poemarios del traslado, y hay poemarios que son pócimas que funcionan, porque son el puerto y el cementerio, y es que son poemarios sorprendentes, atípicos, entusiasmadores ya desde su título, como es el caso de Las provincias de Benet o vivir en un Chagall (V Premio Internacional de poesía Juan Rejano-Puente Genil, edit. Pre-textos, 2023), de Elías Gorostiaga. Es, por tratar de analizar el libro desde dentro de un reloj, un poemario actual a la vez que sin tiempo. 

      Por una inmensa mayoría de las páginas de Las provincias de Benet o vivir en un Chagall desfila lo animal cuando es ganado (es decir, cuando los animales son mansos y alimentan a quienes los alimentan), pero si alguien piensa que el ganado es un conjunto de bestias tranquilas, es porque no conoce sus sueños. En un continuo entremezclarse de personajes de diferentes épocas que mantienen con Juan Benet conversaciones imposibles que lo hubieran cambiado todo, recibimos estos versos fluidos, dolientes, turbadores, puntales de la primera parte del libro. En ella se nos muestra la casa, la familia, la velocidad; los otros tiempos, tan otros como estos; el desgarro social: el turismo masificado, la delincuencia, el rap, Hospitalet y otras localidades catalanas (¿o habitaciones?), las clases sociales, la inmigración; y Benet, paseándose tranquilo por un Madrid quién sabe si en otoño. A través de un uso prodigioso de imágenes, la mirada de Gorostiaga se desafía a sí misma como un espejo que transforma lo insignificante en metales pesados (“Alaridos de cobre”, “Una mosca sin padre”, “Las bolsas de plástico, con la voz desgarrada /flotan, como medusas, entre árboles de acacia”, “Torturar y comer lentas cien fresas”). Se divisa aquí a alguien en el Casino, alguien en el Hesperia Tower, alguien en el tejado divisando desde arriba el final del camino: la nada. 

      En la segunda parte se produce un cambio significativo en el estilo y en la longitud de los textos. Nos aguardan poemas brevísimos entrelazados los unos con los otros (el final de un poema –o una aproximación, o una palabra– es el comienzo del siguiente), poemas ágiles que van pasándose la antorcha que nos ilumina hasta el final del libro, de modo que en ningún momento reina la oscuridad ni la quietud. Se vale aquí Gorostiaga de versos concentrados y dolientes (“Te acercas mordido”). Si eran los rebaños (aunque también los ingleses y los gitanos) los que poblaban las páginas de la primera parte, aquí es el agua uno de los elementos predominantes: la noria, la fuente, los pozos, los patos. Destellos feraces como “Es azul como un adjetivo antiguo”, o “Nadie oye las nubes ni llegar a los búhos”, nos hacen responder esa pregunta que pudiera habernos acompañado en la lectura de estos poemas teniendo presente el título del libro: mientras que Benet aparece en la primera parte, ¿dónde está Blanca Andreu en la segunda? ¿O es que cuando desapareció del mundo literario lo hizo también de los sitios de papel? Nada más lejos de la realidad. Claro que Blanca Andreu está presente en esta segunda parte: el onirismo, lo irracional, lo premonitorio, la melancolía, la emoción… cristales pequeños que configuran su absoluta presencia. 

      Un apunte final: si acaso pudiera pensarse que Elías Gorostiaga rompe la barrera del tiempo en la página 32

          (“El abismo flota como una camisa. 

          Hinchada, cae a plomo en un instante. 

          Ya”.)

                                          no es una sospecha, ha ocurrido.


domingo, 25 de febrero de 2024

Hotel con vistas al trance

 

En la calle de detrás del ruido

se encuentra el hotel con vistas al trance.

El recepcionista es un niño monosilábico

que sabe callarse perfectamente en francés

y que cambia a diario los números de las puertas

(por eso no es posible pasar 

más de dos noches en la misma habitación).  

Un domador se encarga de alimentar a la alfombra:

con una mano le arroja cubetas de pasos crudos 

y con la otra empuña un látigo para mantenerla a raya.

Son ya clásicos detalles tan estúpidos como

laúdes y diales muertos a la hora del lunch,

flores de tela sordomuda en el hall

y los célebres jabones de cloroformo de 10 kilos,

cuyo fin es fortalecer los bíceps de los huéspedes 

que se lavan la cara, manchada de sueños, 

antes de dormirse de nuevo.

Se sabe de ellos a veces, cuando 

salen al balcón a desperezar sus voces, 

a dejarse golpear por la acústica del extrarradio. 

Y es hermoso verles convivir sin asomo de crueldad, 

o quizá la haya, pero qué más da, no siendo expresa.


lunes, 19 de febrero de 2024

El signo en tu frente II

La segunda edición del seminario de escrituras contemporáneas "El signo en tu frente" se celebrará los días 20 y 21 de febrero. Tengo la buena fortuna de haber sido invitada a participar online el miércoles 21 a las 19:00 horas de aquí (12:00 en México). Quien quiera seguirlo puede hacerlo en directo en redes a través de la página de Difusión cultural del Claustro.




domingo, 11 de febrero de 2024

Orden inverso (Eva Hidalgo)

Eva Hidalgo no es Penélope, es Ulises. Esté donde esté acaba de llegar, o así se siente. Eva Hidalgo es Robinson Crusoe, no es la isla. Asociar a Eva Hidalgo con estos dos hombres no es ni mucho menos masculinizarla, es embarcarla en el mar donde no existen los géneros sino la supervivencia. Pero si hablamos de mujeres afines, Eva es María Zambrano, quien escribió desde el asombro.  Y es Marie Curie. Y es María La Judía. Eva es todas las Marías experimentando. Eva tiene esa forma de poetizar como si lo hiciera desde cierta penumbra (que no oscuridad), como si escuchara en su interior una voz dictadora no en el sentido político sino etimológico: dictador es quien dicta (la voz interior de Eva) a quien transcribe lo dictado (Eva), porque a Eva nadie le dicta salvo ella misma. Enigmática, misteriosa, curiosa, inquieta, sabia… Eva Hidalgo arroja unas cuantas verdades sobre la mesa al tiempo que saca la lengua. Eso en cuanto a Eva.




En cuanto a “Orden inverso” (Ediciones en huida, 2024), es un libro extremadamente innovador, original, grave, irónico, que conserva ciertos elementos comunes con su anterior libro (“Dos cuervos”, Ediciones en huida, 2017), de manera que podemos decir que consolidan no dos libros sino una poética: la infancia, la naturaleza, cierta desilusión, el análisis desde la observación, las sentencias, la tierra y sus glosarios. Al mismo tiempo tiene un trasfondo muy urbano a la vez que crítico respecto a esta sociedad que nos marea (los bares, la gente de la noche y sus puñales, la injusticia, los abusos en general) y también la mezcla de los dos (los incendios provocados por el ser humano, la sequía, la zoonosis (enfermedad infecciosa que ha pasado de un animal a humanos)). En los últimos años Eva ha completado este libro, “Orden inverso”, compuesto por, como ella dice: “Doce interrogantes” que reflejan su incapacidad de entender y nombrar el presente. Porque, ante lo indefinido, la reacción de Eva Hidalgo es la pregunta y el canto.  


viernes, 2 de febrero de 2024

Vial para situaciones de supuesta urgencia


Te lo dije una vez y contestaste que no lo tenías claro mientras cenabas un pozo para noches árticas. Te lo dije otra vez y no me contestaste. Un hombre amarillo entraba en una habitación verde y se difuminaba. No dio las gracias. Afuera dos críos jugaban a perseguir un rayo. No te lo dije más. Apoyo un codo en la barandilla y expulso un balcón. Me desplomo, por supuesto, pero antes de llegar al suelo soy una carretera. Amenaza con cruzarme un autobús y me tiembla la intermitencia. Adelante. No tengo prisa.


De Amapolamen (2023, Gato encerrado)