El blog tardío de Elena Román
De profesión, Guadiana
sábado, 12 de septiembre de 2026
Los amantes debutantes (texto basado en la composición de Álvaro Antón)
Los amantes debutantes se retuercen para encontrarse cara a cara. Como lo hacen a la vez, no consiguen tenerse enfrente y les resulta imposible saber qué diámetro tienen los tornillos que les faltan. En su contorsión -a su pesar, metálica- representan olas revueltas con cuya punta la espuma escribe caligrafías árabes. Bailan y es un nueve; bailan un ocho; un tres. Las manos del otoño tocan pianos de alambre para acompañarles, pero su sonido llega a ellos convertido en brillo que les ciega. Intentan unirse echando a un lado su filo agudo, el extremo no soldado, el libre. Acaban de empezar a conocerse y si distinguen el principio del final es por casualidad, porque el principio es cuadrado y el final también, y viceversa. Tanto se contorsionan que los pocos instantes que se ven se preguntan si el uno no es el otro y quién es quién. Sus defectos no les preocupan. Ya les preocuparán cuando por fin estén juntos y les servirán para dejar de estarlo y comenzar de nuevo la convulsión, su danza necesaria.
(Texto inspirado en la obra del mismo nombre, creada por Álvaro Antón).
sábado, 5 de septiembre de 2026
martes, 1 de septiembre de 2026
miércoles, 26 de agosto de 2026
viernes, 21 de agosto de 2026
Absolutamente
Sesenta y nueve veces levantaré tu nombre
antes de dejarlo caer
sobre mi pelo.
Si me prometes no prometerme nunca nada,
sería una buena excusa para pactar lenguas
y rompernos / absolutamente la ropa.
Esto no tiene que ver con la electricidad,
sino con la nuestra.
Escucha, mira, siente, palpa, huele
lo que te pido:
sácame a bailar un incendio
antes del próximo segundo.
Es que quisiera no poder hablarte.
domingo, 16 de agosto de 2026
jueves, 16 de julio de 2026
miércoles, 8 de julio de 2026
domingo, 5 de julio de 2026
Circular
Si al final de la calle ves a una niña sola, más que chica chiquitísima, con un globo en la mano, tendiéndolo a quienes pasan por su lado, es posible que, si te advierte mirándola, eche a correr en dirección contraria hasta perderse. Pero si vas distraído o no te resulta llamativo el hecho de divisar a una niña chica chiquitísima tan sola, girando sobre la punta de sus pies sin soltar su globo, entonces ella seguirá ahí, esperando a que pases, feliz con su danza porque, al igual que su globo, es circular. No te confíes, mírala conforme te vayas acercando para que huya. Porque si no entiendes lo que está ocurriendo y caminas hacia ella y te tiende su globo, es entonces cuando advertirás que es demasiado chica para estar sola, que va demasiado maquillada para ser una niña, que tiene demasiadas arrugas para sostenerse en pie y que su risa no es infantil, ni siquiera humana. Si esto sucede, solo podrás salvarte de una manera: no cojas el globo.
domingo, 28 de junio de 2026
viernes, 26 de junio de 2026
A su paz
A Daniel Paraíso, qepd
Dragón por tres,
ampliación del Universo,
cordillera en ciernes,
incansable guardián de la pluma
a la que acecha el viento.
ampliación del Universo,
cordillera en ciernes,
incansable guardián de la pluma
a la que acecha el viento.
Tuyo es ahora
cada rincón
de lo que no se ve.
Despacio y dormido
te acabas de mudar
detrás de las nubes,
ahí donde
formas parte del viento
para seguir rugiendo muy,
muy suave.
muy suave.
lunes, 15 de junio de 2026
Áurica Speculari - Rocío Cerón
Áurica Speculari es un libro donde se funden las imágenes y sus sonidos a través de 7 partes (7 regiones delimitadas por tablillas). El escenario, único y múltiple, alterna paisajes postpostcuánticos donde se intuye el momento posterior a lo que hubiera podido suceder, el cual se presenta como si ya hubiera sucedido (porque ha sucedido cada vez que es imaginado). Son paisajes desiertos y a la vez acústicos. Lo espiral y una piedra circulan a lo largo de todo el libro, demostrando que el poema es redondo. Lo tribal, lo animal, lo vegetal, los planetas, los metales, los alfabetos inventados, el ritmo infinito, la figura del padre y su caminar borroso, el muro contra el que choca el grito que retorna, apagado… se imantan entre ellos. Es una narración automática de lo intangible, donde todos los conceptos son de hilo y así, el sentido. El tiempo aparece aquí lleno de fisuras por donde entra y sale lo imprevisto. Un flujo constante de materia y esencia, lo molecular, el idioma a partir de la emoción, del rumor, del balbuceo. El bosque donde, como lectores, nos adentramos para percibir la comunicación desde las raíces del árbol hasta la hoja que está a punto de caer.
Rocío Cerón es, a partes iguales, la Observante (tal como se define en redes) pero también la Escuchante. No hay brizna que se mueva sin que ella la escuche. Porque en su mundo de observación y escucha, todos los sentidos están conectados mediante una sinestesia interminable. “Un margen siempre será tocado por otro margen”, dice Rocío en su silencio interno (nunca el del mundo), con el que es capaz de reproducir el latido pausado de un animal nocturno y alado unas veces, subterráneo otras veces. Ese animal es un animal que es una estrella y es una gota de agua y es la grieta por la que la luz accede a la cueva y la ilumina. Nuevamente, como en anteriores libros, el cuerpo se presenta como receptor y conservador de la memoria necesaria para actuar a través de la piel. Desde joven ha practicado la fusión de sonidos y palabras, acometiendo “experimentos radicales de sonoridad y letras alteradas, multiplicadas, desbarrancadas o ascendentes”.
En paralelo a conceptos astronómicos inmensos (lo interestelar, la nebulosa, el tránsito), vislumbramos personas solitarias que se cruzan con esos conceptos astronómicos inmensos en algún momento de sus vidas sin saberlo (se creían solas). De nuevo la poesía, en manos de Rocío Cerón, es algo sonoro y es algo visual. Es este libro una sala poblada por sombras autónomas que no dependen de ninguna forma específica que las proyecte, es decir, son sombras independientes. Los colores no proliferan en estas páginas, no al menos deliberadamente. A veces porque las imágenes empleadas ya llevan incorporado su propio color, otras veces porque Rocío viene a demostrarnos que el color, en sí, no es importante: solo importa si predomina la luz o la oscuridad. Mediante una poética minimalista, donde el mayor peso recae en el sustantivo y el verbo, llega a la exactitud y a la autonomía.
La muerte, aquí, vuelve el rostro porque es nombrada y tiene curiosidad por ver no solo quién la nombra sino cómo camina. La importancia de los nombres no es algo casual. “Nombrar hasta que sangre la flor”, dice Rocío. Y entonces, todo recupera su sentido.
viernes, 12 de junio de 2026
martes, 9 de junio de 2026
sábado, 6 de junio de 2026
Tácticas de supervivencia
Se hizo el muerto para que no le mataran como a los demás. Esperaba, quieto y controlando la respiración, a que se hiciera el silencio para abrir los ojos, levantarse y huir. Pero todo era ruido: los últimos soldados caminando sobre hojas secas, los muertos de verdad dejando ir, poco a poco, la vida y los recuerdos, el rocío por la mañana, los grillos por la noche, los animales salvajes comiéndose a los muertos de verdad, el posarse de los cuervos en las ramas cercanas, un amanecer tras otro, el campo, la vida y los recuerdos abandonándole y el estruendo insoportable que llegaba un segundo antes del silencio.
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