veo llegar el diez
y sus ortigas en la boca.
Podría apartarme
pero no lo hago:
es mi padre.
Mientras llega, reconozco
haberme ido con él.
Me sigue doliendo amanecer
desde el lugar que no conocíamos.
Por este camino que me ha emprendido
se me van cayendo pequeñas llamas
que enseguida se apagan






