otra vez todo:
otra vez el tacto del aire
volvía a implicar movimiento.
Y se me movía un botón,
y se me movía la falda,
y se me movía el pelo,
y se movía el ojo del lobo
a la espera de que yo
también me moviera.
Sesenta y nueve veces levantaré tu nombre
antes de dejarlo caer
sobre mi pelo.
Si me prometes no prometerme nunca nada,
sería una buena excusa para pactar lenguas
y rompernos / absolutamente la ropa.
Esto no tiene que ver con la electricidad,
sino con la nuestra.
Escucha, mira, siente, palpa, huele
lo que te pido:
sácame a bailar un incendio
antes del próximo segundo.
Es que quisiera no poder hablarte.
A Daniel Paraíso, qepd
El problema, ante la tormenta,
reside en la posición del paraguas:
sin cerrarlo, habría que ponerlo boca arriba,
sentarnos sobre él y, esquivando esas cosas
que normalmente están quietas,
no navegar, no remar,
dejarnos llevar a donde nunca hemos ido
porque llovía demasiado.
Columpio invernadero, número 2, control remoto que mantiene a los calamares en su sitio para que no redondeen por ejemplo tu frente hasta la pirámide. Estar lejos disminuye la estatura de lo que se va, algo es algo. Ola bajo la cama, peces en la sopa. Otro universo que termina lo que estuviera haciendo sin despedirse. Isla para una mano, brisa para la otra. No me importa escuchar la misma canción varias veces, siempre y cuando la letra sea diferente. Ascendente que me levantas a mí y a quien esté si es que hay alguien más en este campo de lavanda a principios de julio o en Marte.
LEÑA
El viejo junto a la ventana
emprende el último viaje;
va hacia el pueblo de su hermano
que se está muriendo.
No se ven hace cuarenta años
pero resuelven, al final de sus vidas,
formar una sociedad para la muerte.
Ella acaba de tener un bebé
y decide regalarle un futuro
resguardado de las amenazas de su marido.
El hombre al final del vagón
se encuentra en el primero de tres viajes
que tendrá que hacer, cargando
con las esperanzas de conocer a su hijo
después de nueve años de ausencia voluntaria.
Una locomotora promedio
puede arrastrar un máximo
de 2.200 toneladas.
Si las ilusiones se materializaran
no andarían los trenes.
Daiana Henderson
Humedal (Ediciones Liliputienses)
Arthur Samuel
jugando contra una copia de sí mismo
aprendía a mejorar su juego.
Un programa informático puede tener
un subprograma que en realidad
es una versión de sí mismo.
Recursividad, metáfora
para no perderse adrede.