El último día que hablé contigo el agua era cálida
y su invitación a entrar en ella,
difícil de rechazar.
Apenas se movían las olas
y que estuviera nublado,
humanizaba a agosto
en el infierno.
La medusa que me picó
era invisible como
la responsabilidad en estos tiempos.
Sentí un latigazo eléctrico,
sentí un manotazo ardiendo.
No me llames más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario