domingo, 28 de junio de 2026
lunes, 15 de junio de 2026
Áurica Speculari - Rocío Cerón
domingo, 17 de noviembre de 2024
Once y Juana
Once ediciones del Encuentro de Poesía, Música y Plástica de
Puente Genil. Once ediciones y Juana Castro. Once, el surrealismo. Once y la
traducción. Guillermo Busutil proyectando
su voz frente a un colador y ladeando su sonrisa colgada del cuello. Mª Ángeles
Hermosilla, Sigfrid Monleón, Eva María Martínez Moreno y Víctor Almeda hablando
sobre la ruptura de las corrientes tradicionales, de la negación del
automatismo, del surrealismo como revolución, de lo poético como su cuna y lo
visual como su terremoto plasmado. Un cadáver exquisito sujetado por las
jóvenes manos de los alumnos de Bellas Artes del IES Manuel Reina. Estefanía
Cabello, Concha García, Ángeles Mora, Marisa Calero: cuatro mujeres subiendo
poemas de Juana a los ángulos justos de un teatro. Y hay más, muchas más voces
adheridas a la poesía de Juana Castro (Club de lectura “Mujeres pontanas” y los
IES Manuel Reina y Andrés Bojollo). Tres mujeres (Escuela de danza “La
triangular”) en el escenario girando y contorsionándose a su alrededor
demostrando la importancia del abrazo y la levedad de las plumas suaves y convulsas
y en vilo. La sencillez de Juana Castro levantándose de la silla y abandonando
el centro del escenario para darle a la danza el protagonismo. Mientras, el
niño Ruven y su fagot. Mientras, Alicia Baena y su piano. Mª Jesús Cortés
cantando a Juana y sacándola a bailar. Mientras, Daniel Tejero Navas y su trazo
certero hecho cuadro. Dos exposiciones: una de tres (Francisco José Sánchez
Montalbán, Rafael Peralbo Cano y Jesús Montoya Herrera) –Drama en cuadros.
Convergencias plásticas en torno al surrealismo lorquiano– y una de uno y de
muchos (Víctor Almeda –La imagen no es lo real–). Balbina Prior, Natalia
Carbajosa debatiendo sobre traducción en una mesa moderada por Concha García.:
la traducción, indudablemente es un placer, un “acto de amor”. Un salpicón de
poemas surrealistas con las voces de Mª Ángeles Hermosilla, Eva María Martínez
Moreno, Juan de Dios García, Elena Román, Ángel Manuel Gómez Espada y Gema Albornoz.
Finalmente, antes de todo esto, la proyección de “Miles In Bello, Juan Bernier en
la guerra de los españoles”, guionizado y dirigido por Rafael Bernier y Juan
Antonio Bernier. Como principio-alimento-causalidad la pasión, el amor por el
arte, Antonio Roa o el viento anunciando árboles.
jueves, 7 de marzo de 2024
Las provincias de Benet o vivir en un Chagall, de Elías Gorostiaga
Hay poemarios que son manojos de llaves, o son sólo sombras de poemarios, o son el césped de madrugada, o son poemarios del traslado, y hay poemarios que son pócimas que funcionan, porque son el puerto y el cementerio, y es que son poemarios sorprendentes, atípicos, entusiasmadores ya desde su título, como es el caso de Las provincias de Benet o vivir en un Chagall (V Premio Internacional de poesía Juan Rejano-Puente Genil, edit. Pre-textos, 2023), de Elías Gorostiaga. Es, por tratar de analizar el libro desde dentro de un reloj, un poemario actual a la vez que sin tiempo.
Por una inmensa mayoría de las páginas de Las provincias de Benet o vivir en un Chagall desfila lo animal cuando es ganado (es decir, cuando los animales son mansos y alimentan a quienes los alimentan), pero si alguien piensa que el ganado es un conjunto de bestias tranquilas, es porque no conoce sus sueños. En un continuo entremezclarse de personajes de diferentes épocas que mantienen con Juan Benet conversaciones imposibles que lo hubieran cambiado todo, recibimos estos versos fluidos, dolientes, turbadores, puntales de la primera parte del libro. En ella se nos muestra la casa, la familia, la velocidad; los otros tiempos, tan otros como estos; el desgarro social: el turismo masificado, la delincuencia, el rap, Hospitalet y otras localidades catalanas (¿o habitaciones?), las clases sociales, la inmigración; y Benet, paseándose tranquilo por un Madrid quién sabe si en otoño. A través de un uso prodigioso de imágenes, la mirada de Gorostiaga se desafía a sí misma como un espejo que transforma lo insignificante en metales pesados (“Alaridos de cobre”, “Una mosca sin padre”, “Las bolsas de plástico, con la voz desgarrada /flotan, como medusas, entre árboles de acacia”, “Torturar y comer lentas cien fresas”). Se divisa aquí a alguien en el Casino, alguien en el Hesperia Tower, alguien en el tejado divisando desde arriba el final del camino: la nada.
En la segunda parte se produce un cambio significativo en el estilo y en la longitud de los textos. Nos aguardan poemas brevísimos entrelazados los unos con los otros (el final de un poema –o una aproximación, o una palabra– es el comienzo del siguiente), poemas ágiles que van pasándose la antorcha que nos ilumina hasta el final del libro, de modo que en ningún momento reina la oscuridad ni la quietud. Se vale aquí Gorostiaga de versos concentrados y dolientes (“Te acercas mordido”). Si eran los rebaños (aunque también los ingleses y los gitanos) los que poblaban las páginas de la primera parte, aquí es el agua uno de los elementos predominantes: la noria, la fuente, los pozos, los patos. Destellos feraces como “Es azul como un adjetivo antiguo”, o “Nadie oye las nubes ni llegar a los búhos”, nos hacen responder esa pregunta que pudiera habernos acompañado en la lectura de estos poemas teniendo presente el título del libro: mientras que Benet aparece en la primera parte, ¿dónde está Blanca Andreu en la segunda? ¿O es que cuando desapareció del mundo literario lo hizo también de los sitios de papel? Nada más lejos de la realidad. Claro que Blanca Andreu está presente en esta segunda parte: el onirismo, lo irracional, lo premonitorio, la melancolía, la emoción… cristales pequeños que configuran su absoluta presencia.
Un apunte final: si acaso pudiera pensarse que Elías Gorostiaga rompe la barrera del tiempo en la página 32
(“El abismo flota como una camisa.
Hinchada, cae a plomo en un instante.
Ya”.)
no es una sospecha, ha ocurrido.
domingo, 11 de febrero de 2024
Orden inverso (Eva Hidalgo)
Eva Hidalgo no es Penélope, es Ulises. Esté donde esté acaba de llegar, o así se siente. Eva Hidalgo es Robinson Crusoe, no es la isla. Asociar a Eva Hidalgo con estos dos hombres no es ni mucho menos masculinizarla, es embarcarla en el mar donde no existen los géneros sino la supervivencia. Pero si hablamos de mujeres afines, Eva es María Zambrano, quien escribió desde el asombro. Y es Marie Curie. Y es María La Judía. Eva es todas las Marías experimentando. Eva tiene esa forma de poetizar como si lo hiciera desde cierta penumbra (que no oscuridad), como si escuchara en su interior una voz dictadora no en el sentido político sino etimológico: dictador es quien dicta (la voz interior de Eva) a quien transcribe lo dictado (Eva), porque a Eva nadie le dicta salvo ella misma. Enigmática, misteriosa, curiosa, inquieta, sabia… Eva Hidalgo arroja unas cuantas verdades sobre la mesa al tiempo que saca la lengua. Eso en cuanto a Eva.
En cuanto a “Orden inverso” (Ediciones en huida, 2024), es un libro extremadamente innovador, original, grave, irónico, que conserva ciertos elementos comunes con su anterior libro (“Dos cuervos”, Ediciones en huida, 2017), de manera que podemos decir que consolidan no dos libros sino una poética: la infancia, la naturaleza, cierta desilusión, el análisis desde la observación, las sentencias, la tierra y sus glosarios. Al mismo tiempo tiene un trasfondo muy urbano a la vez que crítico respecto a esta sociedad que nos marea (los bares, la gente de la noche y sus puñales, la injusticia, los abusos en general) y también la mezcla de los dos (los incendios provocados por el ser humano, la sequía, la zoonosis (enfermedad infecciosa que ha pasado de un animal a humanos)). En los últimos años Eva ha completado este libro, “Orden inverso”, compuesto por, como ella dice: “Doce interrogantes” que reflejan su incapacidad de entender y nombrar el presente. Porque, ante lo indefinido, la reacción de Eva Hidalgo es la pregunta y el canto.
jueves, 11 de enero de 2024
Crónica de los diez años del encuentro de Poesía, Música y Plástica de Puente Genil - Entrevistas desde El Espacio Infinito
En la web del Coloquio de los Perros (again), esta vez con una Crónica del Encuentro de poesía de Puente Genil y con una serie de entrevistas realizadas desde el Espacio Infinito a Teresa Gómez y Antonio Jiménez Millán como componentes del movimiento La otra sentimentalidad, así como a Antonio Lafarque y Guillermo Busutil.
martes, 3 de octubre de 2023
El bosque no es un árbol repetido - Félix Maraña
He estado estos días dentro de "El bosque no es un árbol repetido - sonetos y soñetos", de Félix Maraña, editado por Huerga & Fierro editores y con prólogo de Valentín Martín. Cualquier cosa que dijera sobre este libro y su autor pecaría de ser un comentario no objetivo, dado el aprecio que tengo a Félix, así que no me voy a preocupar porque lo que diga a continuación suene o no objetivo. Pero lo es.
He sacado a Félix del libro mientras lo leía, lo he doblado y guardado en una carpeta llamada Norte, y ahí se ha quedado mientras yo leía su libro conmigo dentro. Un libro no puede quedarse sin una persona dentro (qué menos siendo un libro), y si no estaba Félix tendría que estar yo. Desde dentro he tenido que soplar para ir pasando las páginas, de una en una, y he visto a los árboles correr, y todos, todos, todos, eran diferentes. Uno era el árbol del momento en que todo pudo acabarse (y afortunadamente no se acabó), otra era el árbol de la ironía marañiana (que afortunadamente tampoco se agota), otro era el árbol del afecto repartido por tantos sonetos como soñetos, otro era el árbol de la generosidad que se entrelazaba las ramas con el anterior -el del afecto-, otro era el árbol de la playa de la Zurriola, otro era el árbol de Koro, otro el árbol de los siete brazos (que en realidad era la sombra de Félix), y hablando de sombras, otro era el árbol de Machado y, por último (y quien dice último dice primero), frondoso y espléndido se alzaba el árbol de la ternura.
La fluidez y soltura con que Félix saca a bailar estos sonetos me desarma, me devuelve, a mi pesar, al ahora. En este libro del que salgo ahora para volver a introducir a Félix Maraña, aquí, pasa la vida.
viernes, 30 de junio de 2023
Cuaderno de cuatro años - Eugenio Montale
El Coloquio de los Perros me acoge ni más ni menos que otra vez. En esta ocasión, reseñando la edición bilingüe (ni más ni menos que Cántico otra vez), de "Cuaderno de cuatro años" (Eugenio Montale).
lunes, 5 de junio de 2023
Amapolamen en El mundanal ruido
Arturo Tendero reseña Amapolamen con quasi clarividencia en su blog, El mundanal ruido.
Y yo contenta, claro.
miércoles, 22 de marzo de 2023
Del dominio - Guillevic
Nuevamente me introduzco en zona de reseñas, casi susurrando un ladrido, en El Coloquio de los Perros. Esta vez me atrevo con esta auténtica joya llamada "Del dominio" (Du domaine), de Eugène Guillevic, traducida y editada por Cántico para el absoluto disfrute.
viernes, 17 de febrero de 2023
La bestia ideal - Erika Martínez
De nuevo en El coloquio de los perros, esta vez reseñando La bestia ideal, de Erika Martínez (Pre-textos, 2022).
lunes, 23 de enero de 2023
Pronto será tarde - Planes de pasado (Jesús María Cormán)
martes, 27 de diciembre de 2022
Crónica del Premio Juan Rejano de poesía
Cuatro ediciones lleva el Premio Internacional de poesía Juan Rejano. Un número perfecto para tejer una crónica, esta. El coloquio de los perros nuevamente me acoge y da espacio.
lunes, 21 de noviembre de 2022
El uso progresivo de la debilidad - JJ Rodinás - El coloquio de los perros
El coloquio de los perros acoge confortablemente esta mi reseña sobre "El uso progresivo de la debilidad", de Juan José Rodinás, ganador del IV Premio Internacional de poesía Juan Rejano y editado por Pre-Textos. Muy muy muy recomendable.
viernes, 5 de agosto de 2022
Sobre Álbum de fotos (Isabel Marina dixit)
Isabel Marina, miembro del jurado del II Premio Memorial Ana de Valle, tuvo estas palabras en el acto de entrega del premio acerca de "Álbum de fotos". Huelga decir que estoy agradecida por ellas y por haberla conocido en persona.
Por cierto, si alguien está interesado/a en un ejemplar, que me deje por aquí un comentario o que me escriba a gelen13@hotmail.com.
viernes, 10 de junio de 2022
Sobre "Simultáneo sucesivo" de Rocío Cerón
sábado, 16 de abril de 2022
Circo de tres pistas (fondo de botiquín)
jueves, 8 de abril de 2021
Tocar arcilla al fondo - José García Obrero
Según el Sistema Unificado de
Clasificación de Suelos, el símbolo de
la arcilla se compone de las letras C y L (como el cloro en la tabla de los
elementos), letras que se refieren a la baja plasticidad de esta roca (excepto
cuando se mezcla con el agua, claro). La arcilla endurecida mediante la acción
del fuego fue la primera cerámica elaborada por el ser humano. Solemos imaginar
la arcilla de un color rojizo y desconocemos u olvidamos que la arcilla también
puede ser blanca, color que demuestra que es pura. Este es el dato “técnico”,
por así decirlo, que quería incluir como introducción antes de comenzar a
hablar del libro en sí, y se lo debemos a, tachán tachán, la Wikipedia.
Tocar arcilla al fondo se divide en cuatro partes, que son: Flor, Sed, Ceniza y Sombra. Vamos allá.
Sed: Antes de la sed está el agua, tanto dentro del libro como fuera de él. Leer en estas páginas sobre la sed no da más sed, da más luz. Dice el autor en “Agua”: “Cierra el balcón para escuchar adentro / cómo una gota cae / y se desborda el mundo”. Recientemente ha expresado en una entrevista que aunque continúe en su línea poética, procura, abro comillas, “situarse en otro lugar para iluminar nuevos estratos, porque de lo contrario estaría centrifugando poemas y no escribiéndolos”. Pero ubicarse en ese otro lugar para ver mejor implica conocer bien el terreno en el que se mueve, luego en poesía, sin lugar a dudas, José García Obrero es autóctono.
Ceniza: Se trata de la parte más diversa y al mismo tiempo más misteriosa (al menos para mí), donde se respira cierto ambiente bíblico e incluso mesiánico (reflejado en poemas como “La zarza”, “Tentación”, “Cuaresma”…). Dice el poeta en “El Arca”: “Lo efímero se queda para siempre (en las montañas, la nieve lo confirma)”. Este verso constituye un poema en sí.
Sombra: Creo que es una parte clarividente a pesar de su título y que abrocha magistralmente
el libro. Si el camino al que me refería al principio se dirige hacia abajo,
hacia el fondo, es porque si José García Obrero es capaz de traspasarlo (y lo
ha hecho), se diluirá la oscuridad, se desintegrará bajo sus pies con sus
zapatos nuevos. De hecho, así lo demuestra el último poema, “Peregrinos”, cuyo
concepto en sí implica movimiento. Dice en “Sombras” lo siguiente: “La sombra
blanca se traduce en penumbra”, y confirma que el resultado de blanco más
blanco puede ser gris. Y de paso, y para completar el sondeo que estoy realizando
sobre poetas y colores, apunto por aquí que su color preferido es el azul.
Aunque he sentido cada parte como un momento del día (Flor la mañana, Sed el mediodía, Ceniza
la tarde y sus nubes, Sombra la
noche), es obvio que en realidad cada una representa un momento de la vida de
José García Obrero. Porque aquí aparecen retratadas la infancia, la
adolescencia y la madurez (a la vejez no hemos llegado todavía pero ya
sospechamos lo que se nos avecina). Personalmente y no como poeta sino como
lectora, quería destacar y hasta agradecer: 1. Que no aparezca en todo el libro
la palabra “habitar” (no sé qué pasa últimamente con los poetas, que parece que
no viven, que habitan). 2. Que no haya peces, también excesivamente frecuentes en
lo poético. 3. Que aparezca pocas veces el color azul (el azul, casi siempre es
un verde ilusionista sacando a bailar a un amarillo descalzo). Conste que esta
que suscribe ha hecho uso de los tres, aunque hace todo lo posible por
evitarlos (en serio). Y con esto termino, no sin formular un deseo: que tocar
fondo arcilloso equivalga a coger un bonito impulso aerodinámico.
lunes, 21 de septiembre de 2020
La casa del padre - Ramón Rodríguez Pérez
Hay libros por los que no pasa el tiempo y hay libros en los que no hay tiempo. Hay libros en los que acecha un bosque para, al abrirlos, agarrarse de tu laringe y enroscarse a ella como un vencejo. Hay otoño, caramba. Escribir también es querer curarse. Leer también es querer curarse. "La casa del padre" (Ramón Rodríguez Pérez) tiene una curiosidad: bajo el agua se vuelve agua y se vuelve barco. Hay sensibilidad. Dejo un poema:
CONTRA EL MAR
Deja al mar como lo que es:
la tristeza del pájaro
la soledad del mástil
vasto pudridero de sueños
y desagües
Deja al mar y su largo aliento
esa mortaja de espuma
incendiada de palabras
y nombres
Deja al mar como lo que es,
como lo que siempre ha sido
un osario de buques sin dueño ni bandera
eso que tu hijo con su lápiz representa:
una raya,
una simple línea en su cuaderno.












