Se hizo el muerto para que no le mataran como a los demás. Esperaba, quieto y controlando la respiración, a que se hiciera el silencio para abrir los ojos, levantarse y huir. Pero todo era ruido: los últimos soldados caminando sobre hojas secas, los muertos de verdad dejando ir, poco a poco, la vida y los recuerdos, el rocío por la mañana, los grillos por la noche, los animales salvajes comiéndose a los muertos de verdad, el posarse de los cuervos en las ramas cercanas, un amanecer tras otro, el campo, la vida y los recuerdos abandonándole y el estruendo insoportable que llegaba un segundo antes del silencio.