El problema, ante la tormenta,
reside en la posición del paraguas:
sin cerrarlo, habría que ponerlo boca arriba,
sentarnos sobre él y, esquivando esas cosas
que normalmente están quietas,
no navegar, no remar,
dejarnos llevar a donde nunca hemos ido
porque llovía demasiado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario