sábado, 21 de enero de 2023

Intrusión

A veces descubre intrusos al levantarse por la mañana, otras al salir del baño. En ocasiones son personas adultas, en otras adolescentes o niños. ¿Cómo estás hoy? –le preguntan, y ella no siempre contesta. No fuerzan la puerta, no actúan con violencia, parecen saber dónde lo guarda todo. ¿Qué quieres comer? –le preguntan, luzca el sol o la luna. Y ella dice que piedras, o tejas, o niños, y a los niños esta respuesta les hace gracia y se ríen, ajenos a las circunstancias. ¿Sacarán ahora un arma? –se inquieta cuando los ve hacer un movimiento extraño, porque si no es para robar y matarla, no entiende para qué entran unos desconocidos en la casa de una anciana. Entonces lo que sacan es una lágrima o un suspiro o un relámpago a un centímetro del corazón, iluminándolo triste. Porque lo que le están preguntando esos desconocidos –sus hijos y sus nietos– y que tanto le cuesta responder, es su nombre, o qué hizo ayer, o con qué mano olvida. Y si ella no responde es porque, realmente, no sabe las respuestas.

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