Milagros
ya no trabaja aquí. Tenía el turno de noche y, como no podía dormir con la luz
del día, fichaba agotada y somnolienta. Recibió en su buzón la publicidad de lo
que pudiera ser la solución de su problema: se vendían trozos de noche para
ventanas de todos los tamaños y diseños. Compró uno pequeño para el ventanuco
de su cuarto y no averiguó cuántas estrellas contenía, porque se durmió
enseguida. Como siempre es de noche en su cama, no se despierta. Ya no la
esperamos. Hemos puesto, en su lugar, una máquina de café. Funciona.