Los pintores no duermen. Tienen un mecanismo en el pecho
para darse cuerda ellos mismos, y un altavoz en la boca para pedirse los materiales que precisan. Han llegado a las ocho de la mañana, se han
puesto los arneses, han encendido la radio al máximo volumen y se han subido al
andamio. Los pintores hablan y
cantan y se dirigen unos a otros como si estuvieran muy lejos, como si se
necesitaran muy desesperadamente, como si le hablaran a un sordo. No es posible establecer una conexión entre los
pintores y el tiempo. Picar apenas unos metros para enlucir la pared puede
suponer tres horas; quitarse los arreos, dejarlos por medio y subir a la azotea
para almorzar, cincuenta segundos; comerse el bocadillo y beberse por lo menos dos cervezas, noventa minutos. A la hora de la siesta vuelven a la faena. Justo
cuando el resto de trabajadores trata de dormitar y
reponerse de la media jornada transcurrida, los pintores se han subido de nuevo
al andamio. Y se llaman. Y chiflan para pedirse materiales que precisan. Y cantan. Y hablan por sus móviles como si también sus interlocutores estuvieran muy lejos, y también les
necesitaran muy desesperadamente, y no se estuvieran comunicando por móvil,
sino por megáfono, y además con un sordo. Se van y entonces sobreviene el caos: el silencio, un
andamio que cruje cuando el aire se acerca, el suelo que sirve de lecho a
colillas y plásticos, la prepotencia del aguarrás, el espasmo rígido en unos
guantes repudiados hasta el día siguiente, el mimetismo de los rodillos y las
brochas, la ansiedad de las plantas del patio porque sus hojas están
manchadas de pintura y jergas, y claman por su derecho a un escorzo digno.
Cuando los pintores llegan a sus casas, se meten vestidos en la
lavadora y
el más enérgico centrifugado los devuelve adictos al suavizante sólo unas
horas, lo que dure una aproximación al sueño. Porque los pintores no duermen. Y
porque no existe una conexión entre ellos y el tiempo. Por todo eso, pronto serán las ocho.
jueves, 15 de junio de 2017
domingo, 4 de junio de 2017
Última hora sin destino
Debes
confiar en mí,
en mi
gran suerte.
Mira
todo lo que tengo
dentro
del espejo.
Te propongo
un
fantástico viaje
a la
calle de al lado.
miércoles, 31 de mayo de 2017
En casa, caracol, tienes la tumba
Alicia Es. Martínez Juan ha escrito el libro con el que retomo la olvidada actividad de traer al blog palabras ajenas que me traspasan de una manera o de otra. He leído sus obras anteriores y aunque siempre me sorprende por su musical dureza y por esos golpes secos que, si no matan, rematan, en esta ocasión he podido comprobar el punto de madurez al que ha llegado. No digo que antes fuera inmadura (Alicia nació mujer, Alicia nació árbol), sino que en este libro escucho su voz gritando que ha viajado al abismo para regresar y contarlo. Como muestra, un extracto del poema "Muertos":
"(...) A los muertos hay que enterrarlos,
o mejor, no tenerlos.
Dejar que caminen junto a ti,
delante de ti,
o mejor, sobre tu cabeza.
Nunca enredados a tus pies.
Porque los muertos tienden hacia la tierra,
les da por echar raíces,
anclándote al suelo.
Y entonces ya,
imposible.
Entonces ya,
no puedes caminar.
Tienes que pararte.
Sentarte.
Echar tú también raíces.
Montar una casa
o un árbol.
O peor, tienes que morirte tú también. (...)"
Y no le basta con gritar, con golpear, con cantar, sino que además se permite el lujo de hacerlo, en algunos poemas, con sentido del humor... ay, el sentido del humor, ¿qué decir del sentido del humor excepto que sin él estaríamos más muertos? Pero además de tan contundente contenido, es que es un libro bonito de ver y de tocar: la maquetación, la suavidad, el brillo (y me refiero a la suavidad y al brillo) y, detrás de todo eso la valentía y trabajo de una editorial joven que ha comenzado su andadura con una apuesta firme y sus intenciones claras (hacer las cosas bien)... no dejan ni mucho menos indiferente a nadie. Ni siquiera a Marie. Marie, ¿estás ahí? Marie sale mucho en estas páginas. Viva Marie.
El libro, "En casa, caracol, tienes la tumba". La editorial, Gato encerrado. Alicia, Alicia.
sábado, 27 de mayo de 2017
Mundo aparte
Un
alma perdida me ha preguntado qué lugar es éste.
Le
he respondido que esto se llama
mundo
aparte.
Nos
hemos callado,
dudando
del verdadero sentido de nuestras palabras.
He
advertido la tristeza del sonido (el silencio),
me
he distraído con eso.
El
alma perdida ha desaparecido pero no está muy lejos:
me
había preguntado dónde estaba
para
saber el lugar exacto
en el que iba a consumirse.
Aquéllos
que amaban la vida
todavía
están muertos.
jueves, 18 de mayo de 2017
5 años de Voix Vives
Voix Vives celebra que lleva 5 años en danza con un multirecital el sábado 20 en el que desfilarán poetas que han participado en alguna de sus ediciones. Estar ahí es una suerte y es un multiabrazo.
A la vuelta vuelvo.
A la vuelta vuelvo.
lunes, 24 de abril de 2017
La venta
Estrechó la mano del vendedor y así cerraron el trato. Regresó a su casa justo cuando su mujer acababa de preparar la cena. El olor a asado y el de la leña ardiendo se habían repartido las habitaciones ordenadamente,
excepto el salón, donde ambos se confundían. Su hijo pequeño corrió a abrazarse
de su pierna. El gato persa observaba la escena al lado de la chimenea. Después
de cenar se sentaron en la alfombra y jugaron a adivinar el conjuro que podría
hacerla volar. Afuera caía nieve horizontal.
La velada fue perfecta. Al día siguiente amanecería solo, como todos los
días.
sábado, 15 de abril de 2017
Primero las campanas
Empezaron
las campanas
(yo
las señalo con el dedo
aunque
ahora finjan inocencia).
Sonaban
todas a la vez
y
un moscardón zumbaba por toda la casa
y
mi vecino batería ejercía como tal, recién despierto,
y
se me caían al suelo los platos,
las
monedas, las canicas, los gritos,
rotando
sobre el eje del ruido,
y
para rematar el estruendo
le
di un gran bocado a una hormiga
y
me indigné, me volví loca:
lo
supe cuando me supe
ladrándoles
a las mariposas
de
forma que cuando todo cesó
yo
no paraba, y dicen que decía
por
qué, por qué, por qué.
De Zaquizamí
domingo, 9 de abril de 2017
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