domingo, 18 de septiembre de 2016
La táctica
Pulgas con dientes
rondan mi pecho por la noche
y, acostada,
tengo que ponerme la mano en el corazón
para que no se me escapen los sueños.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Historia contada en equis pisos
–Hola, no nos conocemos, ¿a qué piso vas?
–Al ático, estamos empezando a conocernos, hola.
–Ah, entonces igual que yo. Qué bien se cierran las puertas, ¿eh?
–Sí, pero este ascensor es un poco agobiante, ¿no? Tan estrecho, con esa luz parpadeando como si fuera a apagarse de un momento a otro, con el techo tan bajo…
–Cierto, si midiéramos un metro más no cabríamos. ¡Eh, cuidado! ¡Acabas de crecer cincuenta centímetros de golpe!
–¡Ay, no me he dado cuenta!
–Es broma. Estoy en esa fase de la relación en la que te elevo a los altares.
–Yo nunca te querré como tú a mí, y lo sabes.
–Ya. Tú me lo demostrarás desde el principio pero yo me resistiré a creérmelo. Sufriré mucho.
–Bueno, no tanto. Te follarás a unas cuantas en medio de ese sufrimiento.
–Y de lo que hagas tú no me enteraré nunca. Serás discreta.
–Tú querrás convencerte de que tengo algo con alguien para justificar que no confías en mí. No habrá nadie, pero te resultará difícil convivir conmigo. Mira, ayer me sentía la persona más desgraciada del mundo. Hoy, de repente y no habiendo cambiado nada en mi vida desde ayer, soy feliz. Te costará aceptar eso, mis cambios de humor, mis altibajos.
–Es lo que peor llevaré. Cada mañana, cuando bese tus párpados para despertarte, no sabré de qué color amanecerán tus ojos: grises o verdes.
–Y terminarás por no besarme los párpados.
–Por no despertarte.
–Y tendremos un perro.
–O un hijo.
–No, un hijo no. Eh, acabamos de llegar al ático. No hay más pisos arriba.
–Fue bonito, ¿verdad?
–Sí. Pero este ascensor era demasiado pequeño. Estábamos tan juntos que no nos dimos cuenta de lo separados que estábamos. En otras circunstancias, quién sabe si lo nuestro hubiera funcionado.
–En otras circunstancias no te habría conocido. Ahora toca bajar por las escaleras. ¿Vienes?
–No, gracias. Prefiero bajar por la ventana.
–Al ático, estamos empezando a conocernos, hola.
–Ah, entonces igual que yo. Qué bien se cierran las puertas, ¿eh?
–Sí, pero este ascensor es un poco agobiante, ¿no? Tan estrecho, con esa luz parpadeando como si fuera a apagarse de un momento a otro, con el techo tan bajo…
–Cierto, si midiéramos un metro más no cabríamos. ¡Eh, cuidado! ¡Acabas de crecer cincuenta centímetros de golpe!
–¡Ay, no me he dado cuenta!
–Es broma. Estoy en esa fase de la relación en la que te elevo a los altares.
–Yo nunca te querré como tú a mí, y lo sabes.
–Ya. Tú me lo demostrarás desde el principio pero yo me resistiré a creérmelo. Sufriré mucho.
–Bueno, no tanto. Te follarás a unas cuantas en medio de ese sufrimiento.
–Y de lo que hagas tú no me enteraré nunca. Serás discreta.
–Tú querrás convencerte de que tengo algo con alguien para justificar que no confías en mí. No habrá nadie, pero te resultará difícil convivir conmigo. Mira, ayer me sentía la persona más desgraciada del mundo. Hoy, de repente y no habiendo cambiado nada en mi vida desde ayer, soy feliz. Te costará aceptar eso, mis cambios de humor, mis altibajos.
–Es lo que peor llevaré. Cada mañana, cuando bese tus párpados para despertarte, no sabré de qué color amanecerán tus ojos: grises o verdes.
–Y terminarás por no besarme los párpados.
–Por no despertarte.
–Y tendremos un perro.
–O un hijo.
–No, un hijo no. Eh, acabamos de llegar al ático. No hay más pisos arriba.
–Fue bonito, ¿verdad?
–Sí. Pero este ascensor era demasiado pequeño. Estábamos tan juntos que no nos dimos cuenta de lo separados que estábamos. En otras circunstancias, quién sabe si lo nuestro hubiera funcionado.
–En otras circunstancias no te habría conocido. Ahora toca bajar por las escaleras. ¿Vienes?
–No, gracias. Prefiero bajar por la ventana.
Lo que tiene septiembre
Me pareció raro que expidieran el pasaporte en una floristería, en vez de en Comisaría.
Su fecha de caducidad no venía marcada en años, sino en estaciones.
No dio flores, dio páginas en blanco.
Era un pasaporte de otoño.
Pero todavía era verano.
Su fecha de caducidad no venía marcada en años, sino en estaciones.
No dio flores, dio páginas en blanco.
Era un pasaporte de otoño.
Pero todavía era verano.

sábado, 27 de agosto de 2016
Ley infusa
He estado tantas veces arriba
y tantas veces abajo
que ya no sé ni estar arriba
ni estar abajo
pero sé perfectamente
subir y bajar.
domingo, 21 de agosto de 2016
Voix Vives, el cuarto
Estaré en la cuarta edición del Voix Vives, este año no en la organización sino como poeta invitada. Pero, por cuarto año consecutivo, estaré en Toledo comenzando septiembre. Se está convirtiendo en una tradición :)
viernes, 12 de agosto de 2016
Avenida de día
En el callejón.
Por la noche.
Detrás de alguien
o difuminada entre muchos.
Mojando velas.
Mojando cerillas.
Rompiendo linternas y el sol.
Ahí estaba.
Qué a gusto estaba ahí, hostias…
Pero salí un momento
y cualquier sombra
ocupó mi sitio.
Tan blanca que
se me transparentan los tigres.
lunes, 1 de agosto de 2016
Punta decreciente
Si la luna fuera un rayo, cambiarían muchas cosas. La gente no se suicidaría más en agosto y en diciembre, sino que se suicidaría a lo largo del año con la misma intensidad. Si la luna fuera un rayo, nadie se embelesaría contemplándola desde abajo. Las fases no se diferenciarían según el grado de curvatura, sino por el nivel de encrespamiento del rayo y teniendo en cuenta hasta qué profundidad desciende la punta, hasta qué infierno, con qué línea de metro guarda correspondencia. Si la luna fuera un rayo, no habría tantos poetas.
sábado, 23 de julio de 2016
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