sábado, 26 de enero de 2013

LXXIX





¿Cómo explicar
que a veces necesito callar la voz hablada
y hablar con la voz escrita?
Mi voz hablada puede circular sin frenos
y atropellar a mi pensamiento.
Mi voz escrita es mi palabra cierta,
mi alma a fin de mes:
alguien opinará que pobre,
yo sostengo que desnuda.


viernes, 11 de enero de 2013

Tu lista accidental: enero


He aquí la lista que Mi paraguas sandinista ha preparado para este mes, decantándose esta vez por la música electrónica, y a la que se puede acceder a través de este enlace.

Debajo de estas líneas, el pez que dibujó mi sobrino Rafa, el cual... sonríe.


domingo, 6 de enero de 2013

Desde que el Danubio pasa por Neptuno





Desde que el Danubio pasa por Neptuno,

boquerones y sardinas frecuentan ríos de Cristasol,

en cuyo fondo dormita Merlín, ahogado,

mordiéndose su cianótica lengua.

Las hadas, sin embargo, eligen

el suelo de las piscinas para hibernar,

arropadas por banderas de la CEE.

Los arándanos bailan el blues de la Atlántida

sobre el lomo de las ballenas eléctricas.

La flor del lino

se cristaliza en

azulejos para sanitarios.

El roquefort sabe a cobalto, suave.






lunes, 31 de diciembre de 2012

2013



Que el 2013 avance de verdad. Que, cuando todo vuelva a la normalidad y, si vuelve, no necesitemos que se rían en nuestra cara para sacarnos del sofá. Que todo vaya, de una vez, a mejor.

(esto de arriba hay que decirlo tres veces delante del espejo a la vez que se piensa en caramelos)

Abrazos y buenaventuras para los 84 seguidores de este blog, y para los que no lo son pero se pasan ocasionalmente a leer y comentar.






jueves, 27 de diciembre de 2012

Otros mundos

(Rescato este poema, escrito hace unos años e inspirado en la generación de mis abuelos)



Creímos
que a pesar del hambre, la guerra, la pobreza, los pañales y el despertar de algunos lunes,
nosotros, infatigables víctimas y depredadores del destiempo,
sobreviviríamos a fuerza de imaginar otros mundos no tan reales, no tan bruscos.

Decías
que el momento más gratificante del día era cuando yo -déjame un sitio, capitán-
me sentaba en el banco para limpiar tus medallas sobre mis muslos de barro,
mientras tú narrabas historias de vencedores y vencidos, de trapos y banderas.

Cambiábamos
la vida de lugar una vez a la semana, pero siempre terminaba mudándose
a la habitación de la melancolía, donde los sueños eran sueños, tan solo,
y la realidad era realidad y pesadilla.

Imaginé
que, tras aquella interminable época de gris-sepia, le llegaría el turno a otro color;
que la felicidad estaba al caer... Y cayó. La felicidad cayó dos planetas más abajo,
bastante después. Para entonces ya estábamos muertos.

Creímos
en nosotros mismos como única sustancia tangible de nuestro Universo. 
Creímos en un destino justo y solidario que nunca nos separaría. Y así ha sido. 
-Dime en qué piensas, capitán, dime en qué pensabas cuando decías que la guerra se libraba en campos de batalla-.