sábado, 29 de septiembre de 2018

El asunto de la sal está bien llevado




Levantar la cabeza, dejar de tutear a las baldosas.
Asegurarme de que hay una puerta de cristal
(recordar que del aire no se cuelgan
carteles con horarios de comercio).
No mirar atrás. No mirar atrás. Ni por asomo mirar atrás.
Enfrentarme a la almibarada sonrisa del dependiente.
Preguntar si estoy en Gomorra o si estoy en Sodoma:
escuchar dos veces sí. Examinar al dependiente.
Él es dulce. Su perfil es una carta de postres.
Seguro que sus besos son caramelos masticables.
Él es azúcar. Él es azúcar. Pero yo necesito sal, la pido.
Comentar que el asunto de la sal está bien llevado
porque existió antes de ser imaginada, y no al revés,
y porque es la piedra que se come.
Decirle que antes de pagarla debo probarla.
Coger un puñado y arrojarla sobre mi hombro siniestro,
espantando así al espectro de las horas impares.
Pagar porque funciona. Pagar y esperar la vuelta.
Dudar entre cederle el paso al eclipse
o correr en dirección a la trastienda
y zambullirme en los sacos de sal
hermanándome con los delfines blancos.
Saber que, haga lo que haga, me convertiré en estatua
porque, al mirar, miro hacia adelante y miro hacia atrás.
Agachar la cabeza, tutear a las baldosas.
Evitar mi propia descomposición
ante la imposibilidad de eludir la ajena.
Guardarme el hambre donde la sed.
No decir adiós. No decir adiós. Decir dos veces nada.

martes, 25 de septiembre de 2018

Esperando en la estación a la chica del psiquiátrico, de Óscar Aguado

Estuve fuera y estuve más fuera todavía. Estuve incluso en otro país. Estuve incluso en otro país donde el mediodía era una sombra en la que reinaba durante cinco minutos una abeja. Las abejas en otros países no son como en otros mares. Trabajé, escribí y viajé. Leí un libro maravilloso que me tuvo absorta aquellos días, perdón, aquel país, no, aquella abeja, sí. E hice esta reseña que apareció publicada en El coloquio de los perros. Ahora que he aterrizado en septiembre, aunque de nuevo sea un post tardío, la dejo aquí y me preparo para retomar el blog. Me gusta mucho "Esperando en la estación a la chica del psiquiátrico", de Óscar Aguado. A veces me gusta más ir, y otras volver. Lo que no me gusta no está por aquí. Qué bien.

lunes, 20 de agosto de 2018

Voix Vives 2018

Como cada verano desde hace seis, ando zambullida aquí. Espero que cuando pase la vorágine (aunque todo este 2018 está resultando una vorágine en sí), pueda sentarme con tranquilidad a mimar mi blog, entre otras cosas. Aquí, el cartel:



Y aquí, el programa


viernes, 20 de julio de 2018

Las veletas para el aire

Esa propensión a desplantar los pies de la tierra para levitar hasta conseguir mirar a una nube a los ojos, la he heredado de mi padre, el helicóptero, que se ha jubilado pero sólo oficialmente, pues mantiene las hélices bien altas. Primero lo coloco todo en orden, hago planes; luego pulso mi botón de encendido y con mi aleteo mecánico los desbarato. Será cierto que las cosas vienen como tienen que venir, pero eso son las cosas: las personas queremos ser señales de tráfico para, precisamente, cosas nuestras; las veletas para el aire. Hoy, aquí, lanzo una moneda y sale cara de cruz. Pruebo con un billete, pulso mi botón de encendido y lo destrozo. Merodeo Pekín.

miércoles, 4 de julio de 2018

sábado, 23 de junio de 2018

El otro mapa


Fija un punto en el mapa.
Concéntrate en él.
A partir de ese punto
traza otro mapa
que te lleve a tu casa.
Debes tener muy claro
dónde está tu casa para
ubicarla en el otro mapa.
Llama. Si está vacía, entra
y no le digas a nadie
que estás ahí.
Si está ocupada, entra,
mata a sus inquilinos,
haz con sus cadáveres
un mapa en el que se pierdan,
cambia el nombre de la calle
y si alguien te lo pregunta
no digas nunca
quién eres.
 

jueves, 14 de junio de 2018

El recorrido


Me dijeron que mi parada sería la tercera, pero la próxima es la quinta y tampoco es la mía. Hace dos paradas que me levanté de mi asiento y me coloqué aquí, junto a la puerta, donde sigo de pie. Continúo el trayecto sin saber cuál es mi parada y sin poder volver a sentarme porque alguien ocupó mi asiento. Me sé de memoria las instrucciones para romper el cristal.

sábado, 2 de junio de 2018

Guadanismo

En breve me quito mis dos mudanzas de encima y continúo con el blog. Este guadanismo mío no es buscado pero tampoco algo extraño. Gracias por seguir ahí.

miércoles, 9 de mayo de 2018

La mudanza

A esto debería quedar reducida cualquier mudanza: un sofá enorme, la infancia, cojines, mariposas en la pared, el verano. El agotamiento, de cualquier manera.

















El cuadro es de Mariano Fortuny.

lunes, 30 de abril de 2018

Pido un deseo


Viajar en lápiz.

Sentir que el aire me raya la cara.

Duplicar, mediante giros, a los estorninos.

Trazar una casa y meterme en ella,

dibujar una ciudad que me sonría.

Sombrear el paisaje

hasta que me duela la garganta.

Diseñar un dedal ignífugo

para mi índice,

con el que señalo, sobre todo,

los infiernos imborrables.

Firmar con una coma.

Expresar cómo me encuentro

con garabatos infantiles.

Perderme y aterrizar

en la oreja de un carpintero

que saca de sus manos

un baúl y una silla.

lunes, 2 de abril de 2018

La relojería



La relojería está enclavada en una esquina. En horario de comercio permanece abierta por la puerta que da a la calle más concurrida. La gente entra para comprar relojes, pilas para relojes, correas para relojes, e incluso cucos para relojes. Al anochecer se cierra dicha puerta y se abre la que da a una calle poco transitada y poco iluminada. Individuos con gabardina y sombrero entran entonces. Piden en voz baja una dosis. Tienen ojeras y les tiemblan las manos. Pasan a la trastienda. Personas muy ocupadas compran tiempo. Se lo inyectan en cualquier parque y, aunque se sientan mejor, con frecuencia se aburren y buscan pelea.

De Ciudad Girándose