El olor a sandía no se va
al abrir las ventanas
porque
no podemos abrirlas.
Moriríamos asfixiados.
.
Tampoco podemos acercarnos mucho al ventilador.
Sus aspas nos amputarían las orejas y la nariz
y esta noche cenaríamos hamburguesas
en vez de un gran vaso de horchata.
.
En la habitación oscura,
donde sudar es sinónimo de plastilina,
rabia la cama, deshecha por las tempestades
desde ayer y hasta mediados de septiembre.
.
Es más refrescante tocar el suelo con los pies
que cruzarlo con patines.
También más lento.
El escaso presupuesto
sólo da para chanclas rosas.


